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La ventana del Mercosur
17 de diciembre de 2016
Los cancilleres de los países miembro del Mercosur tuvieron la oportunidad de vivir por unos minutos y en carne propia lo que significa tratar con funcionarios que representan a un gobierno despótico con su concepto ilimitado del poder, que desconoce todo tipo de normas y acuerdos que contraríen su voluntad.
Raquel Gamus
@gamusraquel
 

Con el arbitrario forcejeo protagonizado por la canciller venezolana Delcy Rodríguez al tratar de ingresar irregularmente a la reunión del Mercosur a la cual no había sido invitada, los cancilleres de los países miembro de esa organización tuvieron la oportunidad de vivir por unos minutos y en carne propia lo que significa tratar con funcionarios que representan a un gobierno despótico con su concepto ilimitado del poder, que desconoce todo tipo de normas y acuerdos que contraríen su voluntad. Agreguemos los posteriores sonoros insultos del alto gobierno venezolano al Presidente Macri.

La ignorancia y la arrogancia de la funcionaria Rodríguez no es un atributo personal, es el de un colectivo que viene gobernando a Venezuela desde que Hugo Chávez llegó al poder y fue bendecido por el aumento exorbitante y prolongado de los precios del petróleo (nunca fuimos tan ricos), lo que le permitió erigirse en la voz única del país. La petrochequera le sirvió también para comprar voluntades en gobiernos favorecidos en la Región y allende los mares.

Así ingresó Venezuela al Mercosur, por la ventana, aprovechando la suspensión provisional de Paraguay, los gobiernos de José Mujica en Uruguay, Cristina Kirchner en Argentina y Dilma Rousseff en Brasil, aliados y beneficiados del gobierno de Chávez, gestionaron su ingreso irregular. Ahora que los gobiernos de estos países tienen relaciones independientes con el de Venezuela y decidieron apegarse a la normativa, ni el presidente Maduro ni su canciller logran entender que no puedan seguir haciendo lo que les viene en gana.

Los cancilleres del Mercosur, incluido el uruguayo Nin Novoa, representante del país más condescendiente con el gobierno venezolano, se mostraron contrariados y consideraron grave lo sucedido a pesar de que tuvieron la fortuna de deshacerse de ella en poco tiempo. Pero eso que padecieron es la versión resumida y emblemática de lo que los venezolanos estamos viviendo desde hace 18 años. Ya el continente y buena parte del planeta saben a cabalidad cómo quienes ejercen el poder en Venezuela desde Chávez a esta parte han destrozado la economía del país con las reservas petroleras más grandes del mundo, justo en su momento histórico más estelar. Una descomunal corrupción, la destrucción calculada de la industria nacional, la inflación más alta del mundo y la escasez más desoladora; récords planetarios de criminalidad impune. Baste recordar que decenas de miles de venezolanos encuentran hoy su alimentación diaria en los depósitos de basura y otro tanto muere en los hospitales faltos de medicinas.

Agreguemos lo que habitualmente las organizaciones regionales han considerado que les concierne, el desempeño democrático: La persecución política, la prisión y la tortura. El desconocimiento absoluto del poder legislativo electo por la mayoría abrumadora de los venezolanos. La sumisión permanente del poder judicial convertido en el árbitro que sentencia todo aquello que al ejecutivo le resulta

conveniente, anulando la mínima noción de justicia, cuyo ejemplo más reciente es la usurpación sistemática de las funciones de la Asamblea Nacional y como es de esperar la desaparición de toda institucionalidad capaz de ejercer algún control sobre los desmanes del poder omnímodo.

Este brevísimo resumen, por cierto contenido en el informe de Luis Almagro, parece no dejar dudas de que estamos ante un gobierno que ha deshecho totalmente el hilo constitucional, o dicho más claramente que estamos en presencia de una dictadura, que ha terminado por robarle a los venezolanos de manera flagrante su más esencial soberanía, el derecho al voto.

Los cancilleres que vivieron en carne propia lo que este gobierno es capaz de hacer y aquellos que no lo vivieron pero sí lo vieron, deberían repensar su apoyo al falso diálogo que han avalado seguramente de buena fe, sin otro resultado que postergar el calvario nacional, para impulsar una estrategia más contundente para el restablecimiento de la democracia venezolana de acuerdo a lo previsto tanto en la Carta Democrática Interamericana como en el protocolo de Ushuaia.

Concluyo expresando la vergüenza que me produce que la funcionaria Rodríguez haya representado semejante tragicomedia en nombre de Venezuela y les aseguro que los venezolanos demócratas lo repudiamos de la manera más enfática.