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Contra la sociedad civil
28 de septiembre de 2016
(La Razón) Toleradas durante algún tiempo, parece que Raúl Castro decidió ahora poner un alto al trabajo de estas ONGs. Sumándose esto a la campaña de detenciones arbitrarias, propaganda ideológica y alianza con las autocracias globales. Lo «asombroso» es que ello suceda en momentos de renovados lazos con la Unión Europea, de normalización con EU y de esperanzas en la comunidad internacional en torno a una apertura en Cuba.
Armando Chaguaceda Noriega
@xarchano
 

(La Razón) En la última semana el gobierno cubano ha desatado una nueva ola represiva (http://www.diariodecuba.com/derecho...) sobre la sociedad civil independiente. A las golpizas y detenciones de los opositores que se manifiestan en la vía publica, se suma ahora la razzia contra las oficinas y personal del centro Cubalex, colectivo de abogados enfocados en labores de asesoría legal y defensa de derechos humanos. También los interrogatorios y amenazas contra miembros y colaboradores del Centro Convivencia, suerte de think tank alternativo que desarrolla tareas de capacitación cívica y análisis de políticas públicas.

En ambos casos se trata de entidades que han procurado (infructuosamente) regularizarse según lo establecido por las leyes cubanas. Y que, ante el veto gubernamental, han desarrollado una labor de asistencia a la ciudadanía e incidencia social; con el protagonismo de equipos pequeños y profesionales, comprometidos y activos. No son partidos que aspiran al poder, ni activistas que disputan la calle al Estado. Mucho menos terroristas. Son simplemente entes civiles, respetuosos de la misma legalidad doméstica y pactos internacionales que el gobierno pisotea al negarles reconocimiento y reprimir su trabajo. Incluida, en particular, aquella labor de atender las demandas de una poblacion crecientemente empobrecida.

Toleradas durante algún tiempo, parece que Raúl Castro decidió ahora poner un alto al trabajo de estas ONGs. Sumándose esto a la campaña de detenciones arbitrarias, propaganda ideológica y alianza con las autocracias globales. Lo “asombroso” es que ello suceda en momentos de renovados lazos con la Unión Europea, de normalización con EU y de esperanzas en la comunidad internacional en torno a una apertura en Cuba.

Lamentable es también que la denuncia de esta represión no encuentre eco en quienes presentan como errores corregibles lo que son fallas estructurales del sistema. Al hablar de Cuba como una democracia sui generis, poner aduanas ideológicas a la pluralidad civil o teorizar, como si de Noruega se tratase, sobre los déficits de Derechos Humanos isleños, pecan, cuando menos, de omisos. Con suficiente roce global, estos intelectuales no son hoy jóvenes idealistas, desinformados y militantes, sino adaptados funcionales al poder. Y, en medio de la actual coyuntura represiva, su crítica light sobre temas terribles les convierte en legitimadores del autoritarismo.

En Cuba hay ONGs y personas, con un meritorio y modesto trabajo comunitario, que sobreviven pagando el precio de la despolitización y la invisibilidad. No combaten al regimen, pero tampoco cantan loas a la utopía. Forman, junto a otros ciudadanos rebeldes y asediados, el tejido vivo que reconstruirá una nación herida por la represión estatal y el espíritu cortesano de cierta Suciedad (in)Civil.

Fuente: La Razón (México)