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Cuba: acoso a medios alternativos
22 de septiembre de 2016
(La Razón) Los asediados tienen rasgos comunes. Se trata de medios online, desarrollados por periodistas mayormente jóvenes, que combinan la frescura en el abordaje de la vida cotidiana con columnas de opinión y, sobre todo, con la apuesta por un periodismo de investigación de alto calibre ético, cívico y estético. Evadiendo los abordajes tradicionales de la política —que cantan loas alternativas al desempeño de gobernantes o disidentes— estos juglares 2.0 narran los problemas de un barrio sin agua, el ecocidio de un bosque y la perversión de un festival cultural.
Armando Chaguaceda Noriega
@xarchano
 

(La Razón) Una nueva pelea contra los demonios de la censura se libra por estos días en Cuba. En una febril operación de control de daños, las autoridades cubanas y sus propagandistas orgánicos acusan a diversos medios y periodistas de ser “Caballos de Troya, financiados por el enemigo”. Asesinando reputaciones en la prensa oficiosa, esgrimiendo el código penal o laboral o, simplemente, enviando a sus oscuros agentes a advertir —in situ o en redes sociales— sobre la ira que se desatará desde el Olimpo.

Los asediados tienen rasgos comunes. Se trata de medios online, desarrollados por periodistas mayormente jóvenes, que combinan la frescura en el abordaje de la vida cotidiana con columnas de opinión y, sobre todo, con la apuesta por un periodismo de investigación de alto calibre ético, cívico y estético. Evadiendo los abordajes tradicionales de la política —que cantan loas alternativas al desempeño de gobernantes o disidentes— estos juglares 2.0 narran los problemas de un barrio sin agua, el ecocidio de un bosque y la perversión de un festival cultural. Con recursos provenientes del crowfounding y contados patrocinios, con becas y ahorros personales, intentan hacer prensa allí donde el rol de esta ha sido ocupado por la propaganda ideológica de los viejos burócratas y, en menos medida, por las relaciones públicas de los nuevos ricos. Ganándose el respeto de iconos del periodismo global, como J. Lee Anderson y Ernesto Londoño.

La perversidad y la estupidez subyacentes a la campaña son, como el universo, infinitas y en expansión. Viendo el mundo desde su ojo estalinista, no asumen a las claras que su referente es el viejo Pravda, y no el dinámico Huffington Post. Presentando como alternativos viejos modos que ya no convencen ni convocan, insisten en defender la Revolución desde una Internet cuasi inexistente para el cubano de a pie. Pretenden surfear verticalmente por sobre los códigos y públicos de una sociedad abierta y en red. A ese ritmo de asfixia del periodismo decente, pronto importarán portavoces de Pyongyang y tamborileros de Harare.

Ante la ofensiva contra los medios alternativos me hago dos preguntas. ¿Por qué callan ahora los agentes del Soft Power insular (exdiplomáticos, expolicías y exintelectuales) que no hace tanto celebraban a estos mismos medios frente a una prensa opositora a la que consideraban desleal? Y ¿por qué insistir hoy, como hacen algunos, en lo que estos periodistas no hicieron ante otras razzias? Fragmentando el poder prevalece. Lo importante es denunciar, solidarios, los ataques a gente que aprende a hacer periodismo desde las pasiones de su vivir cotidiano.

Fuente: La Razón (Ciudad de México, México)