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Los asilados y la promoción de la democracia
11 de septiembre de 2015
(El País/España) A la llegada de miles de refugiados, la Unión Europea debe transformarla en una oportunidad para la paz y la promoción de los valores democráticos. Porque además de brindar la asistencia humanitaria de salud, vivienda, alimentación y ropa, puede brindar el conocimiento y la experiencia de cómo funcionan las democracias de Occidente.
Ricardo López Göttig
@lopezgottig
 

(El País/España) Ante la crisis humanitaria por el arribo masivo de inmigrantes que piden asilo, los países de la Unión Europea actúan precipitadamente detrás de los acontecimientos. Era previsible que en algún momento la guerra civil en Siria generara esta corriente humana en busca de refugio, y la espiral de atrocidades sigue en aumento por la barbarie del ISIS. Países como Hungría han optado por cerrarse, apartándose aún más de los principios democráticos y humanistas que inspiran a la Unión Europea. Otros, tomando conciencia de la dimensión de la tragedia y atentos a cómo está impactando en la opinión pública, han resuelto abrir las puertas a los refugiados.

Los extremistas islamistas buscan despertar miedo en la opinión pública europea cuando afirman que, entre los refugiados, también están yendo sus militantes para cometer atentados. Y el miedo es el arma más poderosa: saben que los partidos xenófobos y nacionalistas antisistema utilizarán este discurso para atizar contra todos los inmigrantes, sin distinciones, con lo que los refugiados quedan atrapados en un limbo de desesperación.

A la llegada de miles de refugiados, la Unión Europea debe transformarla en una oportunidad para la paz y la promoción de los valores democráticos. Porque además de brindar la asistencia humanitaria de salud, vivienda, alimentación y ropa, puede brindar el conocimiento y la experiencia de cómo funcionan las democracias de Occidente. Es urgente subrayar que las democracias europeas son prósperas y pacíficas porque tienen instituciones democráticas y liberales que protegen y alientan el desenvolvimiento de sus ciudadanos, generando riqueza y bienestar.

Cuando la Unión Soviética invadió Afganistán en diciembre de 1979, comenzó una gran oleada migratoria de refugiados hacia Pakistán, fundamentalmente de origen pashtún, y allí vivieron en campos durante más de un decenio. Lejos de su tierra, en un ambiente de extrañamiento y precariedad, se fue gestando el embrión de los talibán, esos “estudiantes” de la versión muy singular del Islam del Mullah Omar, que luego tomó el poder en Afganistán en 1996. A esos campos de asilados llegaron concepciones extremistas que luego se implantaron en el régimen teocrático, opresivo y destructivo que rigió hasta 2001, y que aún sigue teniendo adeptos en ambos lados de la Línea Durand, la porosa frontera que separa a Afganistán y Pakistán.

Ignoramos cuánto tiempo durará la guerra civil en Siria. Los refugiados, que llegan buscando sobrevivir con sus familias, necesitan de una ayuda urgente e inmediata como frazadas, una comida caliente y medicamentos, pero también las herramientas conceptuales y conocimientos prácticos para retornar a su país cuando termine el enfrentamiento bélico.

La Unión Europea puede hacer una contribución de enorme valor si difunde y prepara a estos asilados en los valores de la democracia, la libertad, el pluralismo, la diversidad y el respeto; si logra que incorporen los principios que sustentan al Estado de Derecho. Y, además, de los conocimientos técnicos y profesionales que contribuyan a la reconstrucción de Siria, a fin de convertir a este país en un oasis de paz y prosperidad.

Es la oportunidad histórica para impulsar valores de carácter universal, que son cada vez más aceptados y observados por países de distintas latitudes. De estos refugiados pueden surgir los líderes democráticos, emprendedores, maquinistas, médicos, ingenieros, técnicos, maestros de escuela, carpinteros, constructores y albañiles que trabajen por una sociedad abierta y pacífica.

Fuente: El País (Madrid, España)