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Blue print for Revolution
30 de julio de 2015
Srdja es famoso por haber confrontado y contribuido a la caída del dictador Milosevic y desde 2004, tras la fundación del Centro de Aplicación de Acciones Estratégicas de no Violencia (CANVAS), ha preparado activistas de países como las Maldivas, Siria, Egipto, y Myanmar, y con este libro masifica herramientas a activistas de todo el mundo.
Micaela Hierro Dori
@micahierro
 

Blue print for RevolutionEl libro de Srdja Popovic, quien fuera líder del movimiento estudiantil Otpor (Basta) en Serbia, refresca el camino de todo activista que lo lea. Porque además de ser inspirador con las historias de un joven que fundó un movimiento pacífico, que persiguió el sueño de un país donde los ciudadanos fueran libres y ejerciten sus derechos, este libro describe ejemplos de revoluciones no violentas en distintos países del mundo que pueden servir como manual o cúmulo de ideas para quienes están en la misma lucha.

Srdja es famoso por haber confrontado y contribuido a la caída del dictador Milosevic y desde 2004, tras la fundación del Centro de Aplicación de Acciones Estratégicas de no Violencia (CANVAS), ha preparado activistas de países como las Maldivas, Siria, Egipto, y Myanmar, y con este libro masifica herramientas a activistas de todo el mundo.

Como primera lección, el autor enfatiza sobre la capacidad de ver los imposibles realizables, de cómo superar esa barrera mental que muchas veces los miembros de la oposición o activistas de derechos humanos se autoimponen ante la constante intimidación de una dictadura, donde los espacios de acción parecen ser nulos porque toda acción implica un riesgo a la integridad física del actor. En segundo lugar, nos enseña a soñar en grande pero empezando dando pequeños pasos. La importancia de comenzar con pequeñas causas la ejemplifica con la protesta del queso cottage en Israel, la cual se trató de ir ganando terreno en la justicia social, y anotarse puntos a favor para motivar a las personas que se involucren, darles esperanza. Además, es acertado al indicar que la gente común por lo general se moviliza más por la ausencia del pan en la mesa que por las violaciones a los derechos humanos.

Asimismo, explica cómo se puede movilizar a la gente aunque no simpaticen con tu causa. Para ello se refiere al activista Milk como el primer político gay que se candidateaba para el Consejo municipal, y cómo con el excremento de perro en las calles de San Francisco movilizó a grupos poblacionales que de por sí no se veían atraídas con su mensaje principal y de esa manera amplió la audiencia para finalmente ganar.

Para motivar a la movilización de la población recomienda trabajar sobre la visión del mañana y los símbolos de una lucha. Esto lo ilustra describiendo la historia en las Maldivas de un grupo opositor al responder a las necesidades de un pueblo golpeado por el Tsunami. Con todas las desventajas y el viento en contra utilizó al budín de arroz, la comida símbolo nacional y la convirtió parte de la identidad del movimiento, que mientras se ocupaban de las necesidades de la gente construían la visión de un mañana mejor y alimentaban (literalmente) la fe de la gente.

Otro capitulo muy acertado es aquel en el cual se refiere a los pilares del poder y como el dictador permanece seguro en el poder mientras el sistema funciona, los trabajadores asisten a trabajar y, entre otros engranajes de la rutina, que si los quitas desestabilizas al sistema que le da apoyo al dictador. Por lo que si se logran identificar las debilidades de dichos pilares se pueden pensar en tácticas que los desestabilicen.

El capitulo más original del libro sin duda es aquel en el que desarrolla la teoría del risactivismo (laufhtivism), describiendo el efecto de cumplir el mandato de reír durante el camino a la victoria, el efecto del uso del buen humor como arma contra el dictador, yendo más allá de las bromas que corroe el miedo entre la población que es la táctica utilizada para imponerse por la mayoría de los dictadores. Los dictadores no soportan las bromas. Las risas y la diversión se convierten en la táctica para desestabilizar a los dictadores alternando otras practicas de protesta que se basan en el resentimiento y el odio.

Otro de los aciertos de este joven serbio es reconocer que la opresión crea mártires que se convierten en símbolos de la lucha, pero si mueres no alcanzaras la revolución y el cambio y si estas preso tampoco.

Para concluir diría que las enseñanzas que me ha dejado el libro son las siguientes:

1) La lucha pacifica hay que planificarla tanto como la lucha armada, e incluso más, porque se esta forzado a ser creativo. Planificar el camino a la victoria, planificar las tácticas a usar y terminar lo que se empezó, pues confiarse en la victoria antes de tiempo puede dejarte en el camino.

2) La perdida de la base económica es una de las tácticas que más les duele, por lo que usar el boicot económico es un elemento a considerar.

3) Hay que ocupar la calle solo cuando se tiene la seguridad de poder movilizar a las masas. De lo contrario, es una pérdida de tiempo y además puede ser desmotivante para la población que se une y no ve resultados.

4) ¡Es la unidad estúpido! La unidad es un difícil concepto, dada la tendencia innata de que la gente tiene la convicción de que es mejor que cualquier otro, pero es una dirección a la cual toda lucha pacífica debe apuntar como ideal.

5) Cuidar de la motivación de las personas del equipo como de la población en general es clave para el éxito, por lo que velar para que se vayan obteniendo pequeñas victorias que motiven, cuidar del buen humor y el ambiente de trabajo debe ser prioritaria para el líder activista.

Blue print for revolution es un buen libro para quien está familiarizado con las vicisitudes de la lucha pacífica y es un aliento para quienes cansados pueden tentarse con el camino corto de la violencia o con el camino eterno de la rutina del uso de las mismas tácticas fallidas y la ausencia de ideas.