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Cuba: el desafío de la inclusión
20 de febrero de 2015
Organizada por el Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR), la cuarta edición del Foro “Raza y Cubanidad. Pasado, presente y futuro” tuvo como objeto abordar la realidad y desigualdad de los afrodescendientes en Cuba.
Omer Freixa
@OmerFreixa
 

La cuarta edición del Foro “Raza y Cubanidad. Pasado, presente y futuro” tuvo lugar en la ciudad de La Habana los días 12 y 13 de diciembre de 2014, organizada por el Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR). La presente tuvo como objeto abordar la realidad y desigualdad de los afrodescendientes en Cuba ante el proceso de ajuste económico, en víspera de la declaración del Decenio Mundial de los Afrodescendientes, que iniciará en 2015.

No solo cuestión de números

Las ponencias expuestas en el Foro atestiguan una indiscutible realidad. Los afrodescendientes en Cuba atraviesan una época complicada y no gozan del reconocimiento que se merecen, pese a que el intelectual cubano Fernando Ortiz sentenciara que sin el negro Cuba no sería lo que es. Por empezar, la cuestión cuantitativa. Varios de los expositores insistieron con un dato remarcable y triste. Siendo aproximadamente el 60% de la población isleña, esta última compuesta por 11,7 millones de habitantes, el gobierno apenas les reconoce a los afrocubanos ser poco más del 9%, por lo que este ninguneo estadístico habla a las claras de la invisibilización a la que son sometidos, lo que incide en un no reconocimiento evidente en las condiciones de vida. La pauta de la referida manipulación de las cifras obedece a la persistencia de un patrón colonial, blanco e hispanista, que propende al blanqueamiento de la población junto a la paradójica existencia de 27 gamas de color. Pero lo negro es motivo de desprecio avalado por un esquema mental duradero que menosprecia la falta o ausencia de blancura.

No solo es una cuestión de números, aunque lo anterior sea lo más visible. No es algo propio de Cuba. En toda América Latina, al momento de constitución de los Estados-Nación en las postrimerías del siglo XIX, el modelo fue Europa. Si América se construye a partir de tres raíces, en el caso de la tercera, la negra, los gobiernos miraron para otro lado al tener que dar crédito, por caso, a más de la mitad de la población de la mayor isla del Caribe. Hoy día el cubano negro relega de su condición y la esconde. Más allá de las cifras oficiales, lo importante ha de ser cómo se construye personalmente la identidad, y no la referencia fenotípica. Bien al sur, en la Argentina, el último censo demográfico (2010) indicó que 150.000 argentinos se reconocen a sí mismos como afrodescendientes mientras casi 2 millones lo son pero no sienten orgullo en declararlo. Siglos de oprobio esclavista y de discriminación son responsables de la exteriorización de la vergüenza al definir una identidad en la actualidad.

Las cifras que se expusieron en el Foro demuestran cierta marginación de los afrocubanos en la cotidianeidad, proceso que hunde sus raíces mucho antes de los inicios de la Revolución cubana. En efecto, después de la tardía abolición de la esclavitud en Cuba (1886), nunca se creó un programa que elevara la autoestima del negro. La limitación del origen negro estuvo bien presente desde la República, instaurada en 1902.

Se mencionó en una de las charlas el proceso de emigración forzada entre 1958 y el presente, el abandono de inmuebles y el fenómeno de la “casa abandonada-casa tomada”, es decir, la alusión a los espacios ocupados por los representantes de la nueva élite política, en el cual no hubo representación de negros y mestizos. Asimismo, en cuanto a partidos políticos y liderazgo, la representación negra apenas alcanza el 0,5%. En efecto, en el famoso movimiento 26 de Julio (M26-7), así como en el Directorio Revolucionario 13 de Marzo (DR-13-M) tampoco existe una representación significativa de afrodescendientes. De todos modos, estar representado no elimina el problema de la discriminación y el prejuicio racial.

Antes de avanzar con más estadísticas, es necesario repasar el posicionamiento de la Revolución de 1959 frente al problema de la discriminación racial y las mejoras para los sectores populares, incluidos los afrocubanos o afrodescendientes.

Una Revolución que prometió pero no pudo cumplir

Al momento de irrumpir la Revolución no pocos ancianos se esperanzaron al ver materializados los planteos del antiguo Partido Independiente de Color, brutalmente reprimido por el gobierno republicano en 1912. El gobierno nacido en 1959 selló la definitiva erradicación de la discriminación racial y estableció la idea de que en Cuba ya no había más racismo. De la época previa a la llegada de Fidel Castro al poder, las normas establecían que a negros y mulatos se les prohibía deambular por las mismas áreas que los blancos en lugares públicos determinados, y el ingreso a hoteles, restaurantes y otros, ni conseguir empleos en bancos, tiendas y otros sitios; entre muchas medidas restrictivas regidas por la costumbre, y desde 1959 abolidas. No obstante, en el Parque Villa Clara (sito en la ciudad de Santa Clara) se puede confirmar actualmente la presencia de grupos que se reúnen separados por su color y/u orientación sexual. No es infrecuente verlo en varios sitios.

El Comandante Castro se pronunció unas semanas más tarde de su glorioso 1° de enero y habló en un discurso sobre el primer llamado a la lucha contra la discriminación, en el que propuso la distribución equitativa de empleos destinados a los negros y la reforma de planes educativos. Nadie lo niega, fue un momento auspicioso y de esperanza para los sectores más relegados desde el inicio de la vida independiente del país, a comienzos del siglo pasado. Unos días más tarde lanzó otro discurso en el que llamó a la unidad frente a los enemigos de la Revolución y a no producir fracturas dentro de los simpatizantes del nuevo régimen. Tratar específicamente la cuestión racial hubiera implicado dividir sensiblemente filas. Lo que sí hizo el nuevo gobierno fue propiciar principios éticos hasta al momento desconocidos, uno de ellos fue la desaparición de las acciones y costumbres discriminatorias tradicionales que tendieron a hacer creer que el racismo y la discriminación habían sido erradicadas del país. Por lo tanto, bajo dicha presunción, el gobierno relegó el debate sobre el asunto racial y éste no compuso tema de la agenda oficial, quedando en frases retóricas más que nada. En otras palabras, prioridades diferentes como el desarrollo de la economía, la salud pública, la educación, la lucha interna contra los enemigos del régimen y la solidaridad revolucionaria exterior, entre otros, marginaron el problema de la prostitución y la problemática racial, haciendo de cuenta que un gran logro revolucionario había sido su desaparición. Casi no se habló ni discutió sobre esos dos puntos.

A fines de la década de 1970 el gobierno atravesaba dificultades siendo una muestra de ello la decisión adoptada de permitirse el ingreso a Cuba de los que se habían marchado por mostrar oposición al gobierno. Cierto relajamiento del mismo posibilitó poder hablar un poco más abiertamente sobre la discriminación racial, así como en el plano económico se abrieron mercados campesinos, se permitió el ingreso de capital extranjero y que los cubanos pudieran tener negocios propios. Sin embargo, por el puerto de Mariel abandonaron la isla muchos negros y mulatos, santeros y homosexuales, con rumbo a los Estados Unidos. Más de 125.000 cubanos salieron a comienzos de la década de 1980. Era el prolegómeno del denominado “Período Especial” a comienzos de la década siguiente, que presagió para más de uno el final de todos los sistemas comunistas, incluido el cubano, aunque no fuera así en la Gran Antilla.

De esa época datan algunos intentos truncos por revitalizar el interés por el negro cubano, como el hacer renacer la Fundación de Estudios Afroamericanos, o la antigua Sociedad de Estudios Afrocubanos. Ni la Casa de África de Santiago de Cuba pudo reunir un público grande, siendo uno de los principales referentes en estudios negros en la isla. Con énfasis en la religión afrocubana, las obras editadas a finales de los años 80 y comienzos de la década siguiente no tuvieron la repercusión esperada. El mundo académico no tuvo las temáticas negras como prioridad en su agenda. Sin embargo, a partir de 1992 se perfilaron cambios cuando el Partido Comunista orientó a las instituciones de las ciencias sociales cubanas a centrarse en el tema, tras un importante Congreso en la ciudad norteamericana de Los Ángeles. Así el problema racial fue incluido en todo evento de carácter social celebrado en el país y la gente comenzó a denunciar acciones discriminatorias a nivel político. Se sumó un creciente interés desde el extranjero, especialmente en los Estados Unidos, por esta agenda. Especialmente interesó para algunos porque constituyó un flanco para atacar al régimen cubano.

El Período Especial, tal como habían anunciado las autoridades, ahondaría las desigualdades. Con este panorama, se hicieron muy visibles problemáticas tales como la prostitución y la discriminación racial, que nunca desaparecieron, aunque de estas dos, la primera era más visible. En eso surgió el proyecto Color Cubano, de bastante difusión, aunque sin un programa a corto o largo plazo. Por otra parte, la Cofradía de la Negritud, una organización ilegal pero no contrarrevolucionaria, reivindicó los reclamos de los negros en el sentido de la equiparación social y económica respecto de los blancos. Estos últimos eran quienes a la sazón aprovechaban la oportunidad ofrecida por el turismo para alquilar habitaciones a extranjeros y, al ser dueños de autos, pudieron brindar servicio de transporte a los visitantes, funciones a las que los negros no tuvieron acceso. En suma, dicha cofradía denunció lo que acontecía desde la época de la República, y llegaba hasta el presente.

Durante el Período Especial, si bien existieron algunas iniciativas para dar cuenta de la discriminación racial, de forma espontánea más que organizada, el régimen atravesó años muy difíciles, que relegaron esa tarea, entre muchas otras. Esto último ocurrió, por ejemplo, con las

artes. Para 1978 había surgido el Grupo Antillano, un conjunto de artistas que dio pasos positivos en pos de reafirmar la presencia afrocubana en la identidad nacional pero que, sin embargo y a pesar de la obra producida, quedó marginado frente a la eclosión de esta nueva etapa de la Revolución, como expuso en una de las ponencias el profesor y artista plástico José Clemente Gascón.

La crisis de los balseros de 1994 marcó un clímax en la debacle del sistema que, a pesar de todo, se sostuvo. La protesta y la crítica frente a la problemática racial se mantuvieron en un plano de catarsis y de reuniones no formales, espacios a los que se sumaron como temas la cuestión de género y la religiosidad. Un hito importante al respecto fue la celebración de los 90 años de la fundación del Partido Independiente de Color, fundado en 1908, evento en el que anunció a toda pompa el futuro festejo del Centenario, en 2008. Desde lo no académico, destacó desde principios de los 90 la aparición del hip hop con un abanico de modalidades de protesta como los grafitis, y cuyas letras denunciaban, por ejemplo, que la policía pidiera siempre las credenciales de identificación a negros y mulatos, y muy pocas a veces a blancos. Algunos miembros de este movimiento, que entusiasmó principalmente a los jóvenes, fueron invitados a eventos académicos que atrajeron también la atención de especialistas no cubanos, con un debate muy productivo. Desde el punto de vista de las artes plásticas, en 1997 se alcanzó un momento álgido a partir de la Exposición Queloides, celebrada en la Casa de África de La Habana donde creadores de la talla del pintor Roberto Diago abordaron la problemática racial, considerada un tema tabú en el imaginario social cubano, y de tal modo entendido por el citado crítico de arte, Gascón.

Diversos eventos académicos destacados tuvieron marco en la Biblioteca Nacional (con una participación no espectacular pero importante dentro del círculo de interesados por los temas) y uno paradigmático consistió en la proyección del documental Raíces de mi corazón, realizado por la cineasta Gloria Rolando, que narraba la historia del partido fundado en 1908 y el cual, sin embargo, no pudo ser transmitido en televisión sino recién en 2008 y por única vez. Esa censura denotaba la falta de interés de las autoridades por la problemática racial en general y la ausencia de un programa de lucha contra la discriminación, siendo esta última muy visible en los medios de comunicación en los cuales las publicidades, incluso en la actualidad, no muestran personajes negros, ni tampoco en las novelas. Caso contrario, si se da el caso de aparición, los afrodescendientes por lo general ocupan un lugar negativo, representados como indolentes, perezosos, violentos, etc.

La citada agrupación Color Cubano presionó para tener reuniones con funcionarios en las que fueran presentados los temas raciales, aprovechando la inminencia del Centenario de la fundación del Partido Independiente de Color. Sin embargo, la efeméride pasó sin pena ni gloria, e importó más la masacre de sus miembros en 1912 que su creación. En resumen, la deuda del régimen hacia la problemática racial, como describen los párrafos desarrollados, se observa, sigue abierta. La discriminación no cesó y los patrones hegemónicos de antaño continúan impregnados en la mentalidad de buena parte de los cubanos y cubanas de hoy.

La situación actual. Deuda del régimen

La representación de negros y mulatos en las actividades de la isla, como se refirió, no resuelve el problema de la discriminación racial pero sí ayuda sobremanera. En ese aspecto se debe trabajar y mejorar, puesto que las cifras disponibles no son aleccionadoras. Se indicó la participación en la política, donde los números son magros. Como el Foro trató diversos aspectos de la economía nacional, es dable destacar estadísticas en ese sentido. Por ejemplo, a febrero de 1991, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), el empleo público estuvo concentrado un 92% en la población blanca, mientras en 1997 el sector del turismo solo empleó a un 1,7% de negros y mestizos. Diez años más tarde la situación cambió muy poco. En 2007 de cada 196 directivos y funcionarios del área de inversión extranjera, tres eran negros y mestizos. Asimismo, en 2011 la población afrodescendiente mostró una nula participación en el comercio exterior. Un año más tarde, el 86% de dicho segmento poblacional operaba en sectores no emergentes de la economía. Dentro de este grupo, en la venta ambulante, por ejemplo, de cada 7 mujeres, una es blanca.

Para entender el funcionamiento de la economía y la sociedad cubana es importante destacar la exposición de Manuel Cuesta Morúa, intelectual cubano, historiador y presidente del Partido Arco Progresista, considerado uno de los principales referentes de la oposición cubana. El político enmarca el funcionamiento de la economía isleña bajo el concepto de “economía étnica”, partiendo de la base de que en la región las familias patrimoniales se asentaron en el poder en las décadas de 1940 y 1950 en virtud de lazos consanguíneos. Los Castro son un digno ejemplo de esa mecánica del poder, que todavía sobrevive como un modelo de familia patrimonial digno de estudio y análisis. La familia más importante de Cuba es la mayor rentista del país y la mayoría de sus miembros no tienen expediente laboral salvo uno de los hermanos Castro, Ramón, el mayor -apodado “Mongo”-, en la agricultura, y Alejandro, el único hijo de Raúl, quien se desempeña en los servicios de inteligencia.

El modelo antedicho permite vislumbrar una concentración acentuada y estructurada en los grupos de poder, con una élite que ha destruido los incentivos para las clases populares. Así es como una economía étnica deriva en un mercado étnico, un mercado residual que en Cuba reproduce el racismo, y no es un fenómeno reciente, sino que llega desde la época colonial. En otras palabras, Cuesta Morúa explicó que en la isla existe una “ruta del esclavo interna” y la mayoría de quienes la conforman son afrodescendientes. Un ejemplo, muchos jóvenes del este, por escasas posibilidades de desarrollo, migran al oeste, buscando las zonas más turísticas en donde ejercer la prostitución.

Como el modelo tiene asidero fuerte en el pasado, el escritor Juan Antonio Saco en el siglo XIX denunció que la economía baja estaba ocupada por mulatos y libertos. Parece, al entender del presidente del Arco Progresista, que ese modelo se perpetúa y que hoy día los afrodescendientes ocupan los puestos más bajos del mercado laboral y son protagonistas del mercado étnico que Cuesta Morúa caracteriza como periférico, ilegal y de una acusada pobreza técnica. En parte, esta situación lamentable es un legado del pasado. Recuérdese que un hito en la historia cubana del siglo XIX es la represión brutal tras la “Conspiración de la Escalera” (1844) que liquidó la existencia de una posible clase media negra. Mientras entre 1933 y 1967 el historiador da cuenta del

nacimiento de una clase media afrodescendiente, central en el modelo de economía étnica, que escapa a la estatal, cooperativa y de la recientemente aparecida pequeña propiedad privada. Lamentablemente, es imposible desligar este tipo de mercado de una “cultura de la pobreza” y de espacios informales y calientes como “La Cuevita”, mercado negro (en el doble sentido de la palabra) de más de un kilómetro de extensión en La Habana que ofrece un desvío a la economía estatal y productos hasta un 50% más baratos que en las tiendas oficiales, con una diversidad insólita para el común de la isla. Se trata de una “megaferia” en la cual se encuentran productos impensables frente a lo poco que brinda la libreta de abastecimiento.

En resumen, el intelectual cubano califica este mercado étnico como parte de un modelo extractivo autoritario que no considera a los afrodescendientes en su desarrollo. Una eventual solución para superar dicho modelo consistiría en la modernización, que depende de un grupo mayoritario, precisamente aquél en el cual se encuentra la mayor cantidad de pobres del país y se los ve formando casi la entera población de más de cien barrios marginales en Cuba, un eufemismo para referirse a lugares insalubres en los cuales la población vive en una forma indigna, aquejada por el hacinamiento, la suciedad y otros males. Son los ranchos de Venezuela, las villas miserias de Argentina, o las favelas de Brasil. Distintas formas de denominar un único proceso que tanto el socialismo como el capitalismo han generado: la pobreza, unidas a la exclusión y la informalidad.

Consideraciones finales

Resulta interesante al llegar a la sede del CIR, la organización que preparó y auspició el Foro, toparse con una pared repleta de retratos (disponible en su página web). Sus miembros la denominan el Salón de Negros Ilustres. Lo forman músicos, artistas, intelectuales, políticos, deportistas, muchos de ellos referentes de Cuba en el extranjero, como el poeta mulato Nicolás Guillén.

La cuarta edición del Foro se hizo, como los encuentros anteriores, con el espíritu de honrar la memoria de esos ilustres personajes cuyo aporte a Cuba explica la conformación de la identidad nacional actual, un peso innegable e insustituible a pesar que desde una visión oficial se indique que el 65% de la población cubana es blanca. Una de las metas del Foro, conforme su declaración final, consiste en encauzar al cubano medio (por lo general negro o mulato) en una tarea proselitista al empoderarse como miembro del colectivo afrodescendiente, acercársele por medio de actividades no solo académicas, y ayudarlo en el reconocimiento como parte de una mayoría paradójicamente silenciada, frente a lo que pretende la manipulación estadística estatal. El principal problema constituye el miedo que se presenta como la principal traba para involucrarse en el quehacer partidario, conforme se rescata como ideal central de algunos de los debates tras las ponencias. En efecto, el Arco Progresista no supera los 300 miembros y es uno de los principales partidos opositores al socialismo. En ese sentido, los participantes acordaron el refuerzo de vínculos horizontales con agrupaciones que trabajan idénticas temáticas en otros países de la región. El reto también es un llamado a la esperanza y a permitir aflorar la posibilidad de ver una Cuba diferente donde el negro no deba sentir vergüenza de su origen y condición.