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Aunando fragmentos de Irak
25 de septiembre de 2014
La venganza ha sido un fuerte motivador de los conflictos que sepultaron a Medio Oriente en los albores de la Primavera Árabe, pero Irak nunca sobrevivirá en su forma actual si los shiítas continúan culpando a la comunidad sunita por las tragedias del pasado. Irak debe ser inclusivo. Un Irak unificado no sólo sentaría un precedente en la región, sino que serviría como ejemplo para el mundo.
Thomas Beard
 

El pasado 9 de septiembre, Irak dio un paso importante para formar un gobierno transicional más inclusivo bajo el liderazgo de Haider al-Abadi, el nuevo Primer Ministro. Al-Abadi reemplaza la controvertida figura de Nouri al-Maliki quien durante años se mantuvo acusado de promover tensiones sectarias y conducir a una ruptura entre la mayoría Shiíta y la minoría Suni. Más allá de que sea justificado o no, Maliki, que es shiíta, recibió parte de la culpa por el colapso estructural del gobierno en el norte y el ascenso del Estado Islámico en las regiones dominadas por sunitas de Mosul y Tikrit. Estados Unidos ha prometido un apoyo militar amplio para terminar con el levantamiento con la condición de que Maliki diera un paso al costado y permitiera la formación de un nuevo gobierno que trabajara para crear vínculos más fuertes entre las diferentes comunidades de la nación, en lugar de trabajar para aislarlas aún más. Por este motivo, Maliki, del mismo partido que Abadi, continuará como el nuevo vicepresidente.

Para muchos observadores internacionales, las claves para evitar la fragmentación total del estado iraquí descansan en resolver las relaciones entre las dos principales comunidades sectarias. Pero Irak es el hogar de un gran número de grupos e identidades; estas distinciones no sólo son religiosas sino también étnicas e ideológicas. En un mundo que cada vez más se refugia en el tribalismo, el futuro de la democracia en esta nación descansa en la capacidad del gobierno de mostrarse legítimo a los ojos del pueblo.

Muchos argumentarían que el concepto de Irak como estado es totalmente arbitrario. La nación fue construida por mandato británico, agrupando diferentes fragmentos de otros territorios del Imperio Otomano. El resultado final es un conglomerado de diversos grupos étnicos, religiosos y lingüísticos que carecen de una historia compartida. La amplia mayoría de la población era árabe (dividida entre líneas sectarias), pero también existe una gran región kurda en el norte y bolsones de turcomanos, asirios, y otras pequeñas minorías distribuidas por el territorio.

La democracia iraquí también es artificial. Impuesta por Estados Unidos luego de la invasión en 2003, el país anteriormente estaba bajo el puño de hierro del Partido Baaz. La caída de un dictador dio lugar a una caja de pandora de tensiones internas que se hicieron familiares desde la Primavera Árabe, e Irak no fue la excepción. Irak pasó de un gobierno de la minoría sunita bajo Saddam Hussein a una tiranía de la mayoría shiíta, encapsulada por Nouri al-Maliki. Los kurdos presionaron por mayor autonomía en el norte, mientras que los cristianos emigraron masivamente en medio de una creciente violencia sectaria. Para muchos, la reciente anexión de Mosul por parte de Estado Islámico y la destrucción de la frontera con Siria fue la última puntada en la tela de Irak como estado fallido.

Sin embargo, la decisión de Maliki de dar un paso al costado y permitir que Abadi tome las riendas le dio a Irak una segunda oportunidad de vida. Además, el comportamiento barbárico del Estado Islámico hacia sus enemigos, como la condena internacional de su estado paria, han dado nuevos ímpetus para reunificar al país. El “califato” imaginado por EI sería una distrofia donde las minorías religiosas son masacradas y los derechos humanos ampliamente restringidos. Esto no sirve a los intereses de ningún grupo, ni siquiera los sunitas que también han asesinado en defensa de Irak. Llevar ese territorio a un estado democrático que de hecho trate a todos sus ciudadanos como iguales sería muy deseable.

Para lograr esto, el gobierno iraquí recientemente formado no debe repetir los errores del pasado. Maliki alienó a la comunidad sunita poniéndolas como objetivo de arrestos y torturas mirando hacia otro lado cuando los militantes shiítas conducían redadas sobre las casas sunitas en busca de armas. Las banderas shiítas eran izadas en bases militares en Baghdad, mientras que las voces de disenso eran silenciadas en la coalición de Maliki. Abadi debe extender posiciones importantes del gobierno para los sunitas en un acto de reconciliación para ayudarlos a recuperar su fe en el gobierno. En el mismo sentido, Abadi también debe lograr mayor control de los grupos de la milicia shiíta y de las fuerzas de seguridad que infringen sus límites y aterrorizan a la minoría sunita. Ha dado un primer paso importante al nombrar a un sunita y a un kurdo como vice primeros ministros en un acto de solidaridad nacional.

Maliki no debería ser acusado de promover la creación de Estado Islámico – anteriormente eran parte de Al Qaeda y no habrían llegado a ser tan poderosos si no se hubiesen beneficiado del caso en Siria. Por otro lado, Maliki llevó las milicias sunitas a recibir al EI con los brazos abiertos en cuanto cruzaron la frontera. En lugar de compensar a las mismas milicias que ayudaron a sacar a Al Qaeda de Irak la última década, Maliki los persiguió activamente y buscó desbaratarlos. De forma similar, ex funcionarios baaz que fueron sacados de las funciones públicas luego de la caída de Saddam Hussein formaron su propia milicia; este grupo fue instrumental para que EI tomara Mosul. Todos estos grupos tienen una alianza endeble con el EI y han dado a entender claramente que pondrían fin a su acuerdo si Baghdad les permitiera estar mejor representados en un proceso democrático.

A la luz de los problemas en el norte de Irak, los kurdos han aprovechado para realizar reclamos territoriales, incluyendo la diversa ciudad de Kirkuk. Por otro lado, a pesar de la amenaza existencial del EI y su falta de asistencia desde Baghdad, los kurdos no han aprovechado la situación para exigir su independencia. Sin embargo, los políticos kurdos continúan muy preocupados por la falta de control en la venta de petróleo como pagos presupuestarios que nunca se hicieron. Estas demandas deben ser resueltas para sofocar mayores reclamos de autonomía desde Erbil.

En última instancia, dado que la moderna nación de Irak no es más que una serie de líneas en un mapa que fueron dibujadas hace un siglo por François George-Picoty Mark Sykes, el pueblo debiera tener el derecho de determinar si quieren continuar siendo parte del estado que está avanzando. Pero las fuerzas que conducen a los sunitas y potencialmente a los kurdos a buscar su autodeterminación son más resultado de un antagonismo con la mayoría shiíta que sufrió bajo la tiranía de Saddam Hussein durante décadas. La venganza ha sido un fuerte motivador de los conflictos que sepultaron a Medio Oriente en los albores de la Primavera Árabe, pero Irak nunca sobrevivirá en su forma actual si los shiítas continúan culpando a la comunidad sunita por las tragedias del pasado. Irak debe ser inclusivo. Un Irak unificado no sólo sentaría un precedente en la región, sino que serviría como ejemplo para el mundo en un siglo que se ha convertido cada vez más al nacionalismo étnico como base para el estado.