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Defendiendo el derecho de toda persona a viajar
6 de junio de 2014
(Americas Quarterly) ¿Cuántos de los que defendían los derechos de los cubanos designados oficialmente para obtener una visa de EE.UU. para viajar a la conferencia de LASA hablarán en contra de la denegación de la solicitud de Cuesta Morúa por el gobierno cubano? La ausencia de Manuel Cuesta Morúa fue una causa célebre, más que si hubiera estado presente.
Christopher Sabatini
@ChrisSabatini
 

(Americas Quarterly) Yo, como muchos otros, fui uno de los que envió un correo electrónico al Departamento de Estado de Estados Unidos preguntando sobre el estatus de visa de un número de economistas cubanos que venían a la Asociación de Estudios de América Latina (LASA) en Chicago. La mayoría, aunque no todos ellos, recibieron visas después de haberse presentado en los procesos laberínticos del Departamento de Estado.

Lamentablemente, yo no pude hacer lo mismo por Manuel Cuesta Mora, activista de derechos humanos cubano, quien pidió la visa a su gobierno para viajar a la misma conferencia de LASA. El gobierno cubano negó la visa y yo no tengo mucho contacto con ellos, por desgracia.

Denegado. [Pero la pelota la tiene el gobierno cubano]

La noticia de la negación de la visa de Cuesta Morúa llegó justo antes de que comenzara la conferencia de LASA. De acuerdo al gobierno cubano, el motivo para que Cuesta Morúa no pueda dejar su país era que él previamente había sido arrestado por participar en una protesta pacífica a finales de enero de 2014, expresando su oposición ciudadana a otra cumbre regional de Perogrullo que no tuvo en cuenta los valores democráticos que dice defender.

En este caso se trataba de la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) celebrada en La Habana. Decenas de activistas fueron detenidos por el gobierno cubano para adelantarse a cualquier expresión embarazosa de "valor democrático". Y la mayoría de los presidentes latinoamericanos no dijeron una palabra, aunque muchos se han beneficiado del tipo de apertura democrática o su defensa al amparo de otros regímenes menos izquierdistas.

Al mismo tiempo, los ciudadanos estadounidenses aceptados, como yo, estaban bombardeando al Departamento de Estado con e-mails indignados por la situación de los pocos ciudadanos cubanos que fueron escogidos. Al mismo tiempo, el gobierno cubano fue elaborando cuidadosamente su argumento para negar la visa de Cuesta Morúa para asistir a la conferencia académica en Chicago.

¿La razón? Las falsas acusaciones sobre la creación de disturbios civiles durante la fiesta de presentación de la CELAC en Cuba.

Como resultado, un muy respetado pensador independiente no pudo asistir a la premier de la conferencia académica hemisférica en las Américas.

¿Cuántos de los que defendían los derechos de los cubanos designados oficialmente para obtener una visa de EE.UU. para viajar a la conferencia de LASA hablarán en contra de la denegación de la solicitud de Cuesta Morúa por el gobierno cubano?

El ingenuo argumentará que debido a que el gobierno de Castro negó el acceso a sus ciudadanos a una conferencia académica, la política del contacto persona a persona  de EE.UU. es un fracaso y debe ser cerrado debido a que el Estado cubano llega a determinar quién debe viajar a los EE.UU.

Todo lo contrario.

Por un lado, la ausencia de Cuesta Morúa fue una causa célebre, más que si hubiera estado presente. Había avisos y cartas esparcidas por las mesas (a veces junto con los mítines de los Cinco Cubanos). Y si bien su panel no tuvo buena asistencia (¡él no estaba allí!), otra persona leyó su trabajo.

Irónicamente, si el gobierno cubano le hubiese permitido asistir, él habría sido simplemente otro cubano más  que asistiera a la conferencia, la presentación e, incluso, ¡Dios no lo permita! - interactuar con otros en la conferencia. El impacto de la ausencia de Cuesta Morúa demuestra el punto: la política de EE.UU. debe seguir permitiendo - incluso ampliar - las oportunidades para este tipo de interacciones.

Pero para que sea un cambio verdaderamente democrático, los que apoyan a los viajeros cubanos oficialistas tienen- deben- exigir la igualdad de trato para todos los cubanos.

Los Desafíos y el Desafío

¿El gobierno cubano continuará negando visas a los activistas democráticos que considere enemigos ​​del Estado? Claro. Pero la negación misma dice mucho sobre el gobierno cubano, en tanto que son muy a menudo eclipsados por el debate polarizado sobre el embargo de EE.UU. a Cuba y algunos extremistas desean evitar la toma de decisiones del régimen cubano.

Aquí está el punto: los EE.UU. no deberían estar en el negocio de negar a los ciudadanos cubanos los derechos que el gobierno cubano debiera proteger, pero no lo hace. A menudo escuchamos que no se debe implementar un cambio de política porque "Castro no lo permitiría".

Es una falsedad, un argumento ilógico.

Dejemos que el gobierno de EE.UU. haga lo que mejor sabe hacer (apoyar la libertad) y dejemos que el gobierno de Castro haga lo que mejor sabe hacer (suprimir la libertad). Los EE.UU. no deberían ser un obstáculo para la comunicación, el intercambio y el contacto con la isla de Cuba. Si el gobierno de Castro quiere negar el uso de teléfonos móviles a los ciudadanos, eso es un asunto del gobierno cubano. Si el gobierno de Castro quiere negar a sus ciudadanos el acceso a crédito para iniciar su actividad, eso es asunto del gobierno cubano.

El negocio del gobierno de EE.UU. debería ser obligar al gobierno cubano a tomar esas decisiones, no a prevenirlos.

Un arreglo.

¿Lograrán aquellos que empujaron muy fuerte a los economistas cubanos a expresar su opinión en Chicago y Nueva York un alegato en favor al derecho de Cuesta Morúa para asistir a una conferencia académica con sus pares (aunque mucho más conectado) conciudadanos? Probablemente no.

Pero eso, no debería - como muchos en la derecha argumentarán - ser una excusa para oponerse a los pequeños gestos de EE.UU. que buscan establecer una relación más estable con la nación de la isla.

En última instancia, la autoridad moral del gobierno de EE.UU. depende de lo que está dispuesto a ofrecer a otros países en términos de apertura, tecnología y comunicación. Mientras que el gobierno cubano siempre limitará las actividades de aquellos que sean considerados los opositores políticos, los EE.UU. no deberían actuar para predecir sus reacciones (y por lo tanto impedir a sus adversarios tomar decisiones difíciles).

Es responsabilidad de aquellos que abogaron para que los EE.UU. conceda visas a los oficiales cubanos estar dispuestos a criticar y denunciar la negativa de visas a "los cubanos no oficiales." Si lo hacen, es importante que los defensores pro-embargo no reciban una intersección de los derechos humanos en Cuba. En última instancia, la mayoría de nosotros estamos apoyando la política de Obama, o incluso cambios en el futuro, porque creemos en una mejor promoción de los derechos humanos y en la democratización en Cuba, pero tenemos que demostrarlo.

Así que para citar a John Belushi en la película “Colegio de Animales” (Animal House) - ¿quién me acompaña en esta? - por favor, defendamos el derecho de Cuesta Morúa a viajar a Chicago.

Christopher Sabatini es editor a cargo de Americas Quarterly y director principal de la política en la Americas Society y Council of the Americas. Su cuenta de Twitter es @ChrisSabatini

Este artículo fue originalmente publicado el 27 de mayo de 2014.

Traducción de Wanda Di Rosa y Hernán Alberro.