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La reveladora conversación entre un propagandista de Chávez y un oficial cubano
6 de junio de 2013
El propagandista televisivo, que se define un marxista de pura cepa ante el camarada cubano, le señala que el propio Fidel Castro le criticaba a Hugo Chávez su insistencia en la vía de las elecciones, "burguesas", y en la necesidad revolucionaria de terminar con esa praxis heredada del capitalismo. Y se pronuncia por llevar adelante ese consejo del anciano dictador cubano.
Pablo Díaz de Brito
@pablodb1
 

Venezuela estrena cartilla de racionamiento, por ahora limitada al Estado de Zulía. Es otro indicio cierto, concreto y material de "cubanización". Pero, más que el desabastecimiento y la respuesta "cubana" del gobierno de Nicolás Maduro a ese grave problema, un episodio de hace unas semanas atrás dio pruebas muy elocuentes y directas del riesgo de deriva totalitaria a la cubana que corre Venezuela. Veámoslo de cerca.

El conocimiento, el 20 de mayo pasado, de una conversación telefónica entre el famoso propagandista televisivo del chavismo Mario Silva y un alto oficial de los servicios de inteligencia del régimen cubano ratificó que en el mismo corazón del poder chavista -o al menos, en una de sus dos ramas-  se estudia dar el salto sin retorno hacia el modelo castrista. Sería la única opción a una segura derrota si se persevera en las "elecciones burguesas", como llama Silva a elegir los gobernantes en las urnas entre diversas opciones. Porque “el pueblo se equivoca”, como “dice mi comandante Fidel”, que es Fidel Castro, claro. Silva era el conductor exclusivo de un programa, La Hojilla, al lado del cual el panfletario "6,7,8" de la televisión estatal argentina parece un pálido programa de debates de la televisión pública alemana. Luego de conocerse la grabación, La Hojilla se levantó por tiempo indeterminado. Silva adujo que se tomaba licencia por motivos de salud y viajó a Cuba. Todos creen que Diosdado Cabello, tratado como un corrupto y conspirador por Silva en la grabación, ordenó en forma tajante sacarlo del aire. Por lo demás, nadie negó la veracidad –indudable- de la grabación. Silva y La Hojilla eran los favoritos de Chávez entre los muchos programas de propaganda disfrazada de periodismo con que cuenta la televisión estatal venezolana.

La hora de conversación fue grabada por el mismo Silva, con la promesa de enviársela a Raúl Castro. La conversación es la ratificación de que en el poder postchavista hay dos facciones: una, "civilista" y pro-cubana, detrás del presidente Nicolás Maduro. Cuenta, entre otros, con el almirante Diego Molero ministro de Defensa, y el poderoso ministro petrolero Rafael Ramírez. La otra facción es nacionalista, militar y amiga de los negocios turbios con fondos del Estado, y como se sabe es liderada por Cabello, presidente del Congreso unicameral.

Esta puja interna es archiconocida en Venezuela y viene de tiempos de Chávez, quien jugaba a dar y quitar apoyo a uno y otro de sus lugartenientes, un juego clásico de los caudillos. Estos detestan que se perfile un potencial sucesor entre sus subalternos o que uno de estos demuestre lucidez y carisma ante micrófonos y cámaras. Ni Cabello, ni Maduro (como se comprobó hasta el hartazgo en la reciente campaña) poseen ni una pizca de esas dotes. Pero el cáncer se llevó a Chávez en apenas un año y medio y debió apresuradamente designar sucesor a Maduro. La debilidad evidente de este le dejó un triunfo electoral dudoso y alcanzado por un pelo, dato que desespera a Silva y a la facción cubanista y que la empuja con afán a desechar futuras elecciones. La profundización de la crisis económica (aceleración de la inflación al 4,3% en abril y al 6% en mayo; dos devaluaciones desde diciembre, un dólar paralelo que supera los 30 bolívares contra los 6,5 del oficial, desabastecimiento de los bienes más básicos, etc) ha acelerado los tiempos de la confrontación interna.

La pobre performance electoral de Maduro, quien, pese a haber sido designado sucesor de forma enfática por el propio Chávez en su última aparición pública y haberse declarado "hijo de Chávez" miles de veces en campaña sólo ganó (y esto, oficialmente) por un 1,5%, ha dado fuerza al sector de Cabello, que incluye a quienes, como él, se han enriquecido en forma pasmosa bajo la égida del coronel fallecido.

A su vez, Maduro es visto por este sector pro-cubano como débil y condicionado por su esposa, Cilia Flores, quien es la Procuradora General de la República. El sector pro-cubano, que tiene la bendición de La Habana como se refleja en la extensa conversación de Silva con el teniente coronel de inteligencia cubano Aramis Palacio, enrostra a Cabello y a su "boliburguesía" hacer grandes ganancias con la devaluación, especular y otros delitos contrarrevolucionarios similares. Y no evita acusarlo de tramar un golpe, algo que sin embargo es rutina diaria en Venezuela.

Ante este cuadro, el propagandista televisivo, que se define un marxista de pura cepa ante el camarada cubano, le señala que el propio Fidel Castro le criticaba a Hugo Chávez su insistencia en la vía de las elecciones, "burguesas", y en la necesidad revolucionaria de terminar con esa praxis heredada del capitalismo. Y se pronuncia por llevar adelante ese consejo del anciano dictador cubano.

Se hace a continuación una transcripción textual de un fragmento para ilustrar lo categórico del modo de pensar de Silva: “Mi comandante Fidel me dijo a mí en una oportunidad que él no entendía por qué aún Chávez no había terminado con las elecciones burguesas. Porque el pueblo se equivocaba, y yo estoy absolutamente de acuerdo. Estoy absoluta y totalmente de acuerdo. Las elecciones aquí, así como están planteadas, nos pueden tirar un «coñazo», y nos pueden tumbar la Revolución. De hecho, nosotros estamos pensando, y ayer tuvimos una reunión de inteligencia, con dos camaradas cubanos, dos oficiales cubanos...”, y sigue en este tono.

Queda muy claro: un sector del gobierno venezolano está convencido por completo de la necesidad de terminar con las elecciones, como plantea “mi comandante Fidel”. Las lealtades de este sector parecen estar más en Cuba que en Venezuela. Vale señalar que el citado teniente coronel Palacio, cubano, tiene funciones de adjunto a la Presidencia...¡venezolana!, en carácter de jefe de Contrainteligencia del Ejecutivo venezolano. Imagine el lector que un oficial de inteligencia adjunto a la Presidencia de Argentina fuese chileno o brasileño, para dar una dimensión del asunto. La infiltración cubana en el gobierno y la administración venezolanas no es un mito "de la ultraderecha", sino que está bien a la vista.

En resumen: un sector, que está con Maduro pero lo ve débil y muy condicionado, puja por una salida a la cubana. Al parecer, este sector está perdiendo la interna ante Cabello y sus militares y empresarios amigos del dinero fácil del Estado. Pero esto no quita una pizca de gravedad al asunto.

Transcipción completa de la conversación