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Es hora de un gobierno de transición en Siria
11 de enero de 2013
Cuanto más tiempo lleve la formación de un gobierno de transición, más caótica será la situación, más difícil será establecer una autoridad central, y más arduo será para que las regiones liberadas cuenten con servicios sociales, instituciones judiciales, servicios de salud y asistencia humanitaria.
Radwan Ziadeh
 

Desde el comienzo de la Revolución Siria en marzo de 2011, el régimen de Assad se ha transformado en una despiadada milicia enfrentada en una batalla desesperada contra el pueblo sirio. El régimen no ha asesinado solamente a miles de sirios, sino que también derrochó sus riquezas y, más significativamente, destruyó el tejido de la sociedad siria. Cuanto más tiempo se mantenga Assad en el poder, más difícil y doloroso será el período de transición. Antes que sea demasiado tarde, los sirios deben formar, y la comunidad internacional debe apoyar, un gobierno de transición sirio basado en el territorio liberado de Siria.

Las acciones del gobierno sirio han conducido al país a un conflicto sectario odioso y a una horrible guerra civil. El régimen (o milicia) ha violado repetidamente las convenciones de Ginebra y no ha cumplido con ninguna regla de guerra. Por ejemplo, las balas se han llevado las vidas de algunos de los mejores jóvenes activistas pacíficos como Ghayth Matar, Tamer al-Sharey, y Hamzeh al-Khatib. Además, el régimen se involucró en la práctica monstruosa e inhumana de apuntar a hospitales y filas en panaderías. Sin embargo, el pueblo sirio resistió incondicionalmente esta horrible batalla de casi dos años, no sólo para proteger a su movimiento y determinación, sino también, y más importante aún, para preservar su solidaridad contra una política cuyo único objetivo es desmantelarlos.

Siria ya está en medio de una transición. Buena parte del territorio sirio ha sido liberado y está más allá del alcance de las tropas sirias. Los siguientes cruces de frontera entre Siria y Turquía han caído en manos de la oposición: “Bab Al-Hawa”, “Assalamah”, “Jarablus” y “Tal Abyad”. La caída de estos cruces significa que Assad ha perdido su reclamo de soberanía. De hecho, Bashar al-Assad ya no es el presidente de Siria. Podría ser mejor descripto como el gobernador de Damasco y algunos de sus suburbios. Assad no parece capaz de dar un paso más allá de los muros de su palacio sin que sus pandillas y grupos paramilitares vayan al frente. Adicionalmente, como el gobierno ya no tiene el control en la frontera con Turquía e Irak, Assad perdió la capacidad de preservar la soberanía del país sobre regiones geográficamente estratégicas. Ciertamente Assad puede dañar, bombardear o destruir esas zonas, pero no puede retomar su control.

Sin embargo, sólo unas pocas de las regiones liberadas están geográficamente unidas. Las áreas liberadas continúan vulnerables a los ataques aéreos del régimen y no pueden considerarse “zonas seguras”. Además, ninguna de las regiones liberadas está siendo administrada por una autoridad central, lo cual, junto al bombardeo del régimen, contribuye a la inestabilidad de las zonas liberadas. Ahora es de suma importancia que todos los sirios se unan para llevar adelante un período de transición en orden para evitar el caos y asegurar una transición sin sobresaltos. Las regiones liberadas necesitan una autoridad central que pueda administrarlas política, económica, logística, judicial, social y legalmente. El Ejército Sirio Libre debe moverse para tomar y abrir vías de abastecimiento para asistencia logística entre estas regiones, y establecer la capacidad de moverse entre las zonas liberadas sin la amenaza de Assad y su régimen.

Sin embargo, estos movimientos militares por sí solos no son suficientes. Considerando la base sobre la cual se establecerá dicha autoridad en las regiones liberadas resulta extremadamente importante y requiere que seamos responsables en cómo se regulará el proceso de transición. Muchas fuerzas políticas de oposición en Siria aún se niegan a formar un gobierno interino en el lugar bajo el pretexto de que hacerlo sería prematuro. Esto pudo haber sido cierto alguna vez, pero ya no. Las precondiciones que han exigido algunos miembros de la oposición antes de formar un gobierno de transición no se darán nunca. Por lo tanto, debería formarse de inmediato un gobierno de transición o un gobierno en el exilio.

El gobierno de transición debería apuntar a lograr un número de objetivos clave. Primero, debería apoyar la creación de una autoridad central para que las áreas liberadas mantengan el control y eviten el caos. Ni el Consejo Nacional Sirio (CNS) ni la Coalición Siria son capaces actualmente de establecer dicha autoridad. Sin embargo, cuanto más tiempo lleve la formación de un gobierno de transición, más caótica será la situación, más difícil será establecer una autoridad central, y más arduo será para que las regiones liberadas cuenten con servicios sociales, instituciones judiciales, servicios de salud y asistencia humanitaria.

Segundo, desde un aspecto legal, la legitimidad del régimen de Assad puede socavarse dándole control a la autoridad de transición sobre las embajadas de Siria, que sólo pueden ocupar los representantes de gobiernos y no entidades políticas. Los puestos del gobierno sirio en organizaciones internacionales como Naciones Unidas y el Consejo de Derechos Humanos también deberían entregarse al gobierno de transición. En tercer lugar, esto llevaría a su vez a pavimentar el camino hacia el reconocimiento internacional, lo cual permitiría que el nuevo gobierno ratificase el Estatuto de Roma, permitiendo que el régimen de Assad sea presentado ante la Corte Penal Internacional con mayor comodidad.

Cuarto, la formación de un gobierno centrado en lo administrativo ayudaría a dejar atrás las disputas políticas y los desacuerdos entre los miembros del CNS o la Coalición Siria. Estas diferencias eran fundamentalmente sobre posturas sin discutir ninguna cuestión relacionada a la revolución siria como ser: fortalecer al Ejército Sirio Libre o la asistencia humanitaria. La formación de un gobierno administrativo dejaría de lado esas disputas mientras que al mismo tiempo lo haría más sencillo para que la comunidad internacional se relacionara a nivel más funcional. La comunidad internacional se ha quejado permanentemente con respecto a las disputas del CNS primero y de la coalición ahora. Esto respondería a esas críticas y facilitaría la administración a nivel organizacional.

En quinto y último lugar, una pregunta: ¿Quién sucederá a Bashar al-Assad? ¿Quién se hará cargo del período de transición tras la caída del gobierno sirio? Ni el CNS ni la Coalición Siria serían capaces de hacerlo. Sólo un gobierno de transición es capaz de llevar a cabo dicho proceso sobre una base temporal hasta que se puedan realizar elecciones legítimas e inclusivas.

La prioridad de la oposición ahora debería ser la formación de un gobierno de transición o un gobierno en el exilio. El gobierno de transición debería formarse a través de una conferencia nacional en territorio sirio. Los participantes de la conferencia nacional deberían incluir a los consejos revolucionarios locales, los comités de coordinación locales, el Ejército Sirio Libre y las brigadas independientes.  Estas fuerzas de la oposición deberían representar a la mayoría en el nuevo gobierno y su rol debería ser el de determinar la estructura del gobierno durante el período de transición. Esto atendería muchos de los problemas actuales que ha percibido la comunidad internacional en la oposición siria, y aceleraría el proceso tan necesario hacia el fin del régimen de Assad y la creación de una nueva Siria libre.

Radwan Ziadeh es director ejecutivo de Syrian Center for Political and Strategic Studies, con sede en Washington.

Este artículo fue originalmente publicado en Foreign Policy.

Traducción de Hernán Alberro