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Cuando la soberanía es mal empleada
31 de agosto de 2012
Algunos Estados miembros de la ONU, que en realidad no comulgan con los Pactos de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, maniobran para aparentar aquiescencia mientras tratan desesperadamente de rehuirlos de todas las maneras posibles, entre las cuales figura no referirse a ellos para nada en el interior de sus países.
Wilfredo Vallín Almeida
 

(Cuba actualidad, La Víbora, La Habana) La soberanía es un concepto que se puso en práctica especialmente después de la Paz de Westfalia. Según éste, cada Estado resulta su propio soberano, es decir, su gobierno es la máxima autoridad en el orden interno y externo de la nación, sin otro poder que lo sobrepase. Así, tomará sus propias decisiones en todo lo que tenga que ver con sus instituciones, leyes interiores, orden social, propiedades, etc.

El Estado soberano será visto como un igual por los otros Estados, que no podrán ni obligarle ni imponerle normas o actuaciones que él por sí mismo no acepte de buen grado.

La soberanía devendría con el tiempo en el recurso "legal" que utilizarían los gobiernos para obstaculizar cualquier intento de otro Estado u organización internacional de opinar siquiera sobre la situación interna de los países de la comunidad internacional, lo cual estos repudian como una intromisión en los asuntos internos de las naciones soberanas para decidir por sí mismas.

Este concepto perduraría -sin modificaciones ni otras interpretaciones- durante muchísimo tiempo. En virtud del mismo, los gobiernos pueden, mediante el empleo de procedimientos sutiles o de la fuerza bruta, someter, avasallar y hasta masacrar a sus propios ciudadanos para mantener su poder a toda costa, como ocurrió recientemente en Libia y vemos ahora en Siria.

Serían necesarios siglos y mucho dolor y sangre derramada por cientos de miles de personas para que otro concepto renovador viniera a ponerla en entredicho. Dos guerras mundiales harían falta para que una nueva concepción del hombre y de su importancia sobre la tierra cambiara las cosas a pesar del rechazo de los amantes a ultranza de la "soberanía".

Esa nueva concepción tendría el nombre de Organización de Naciones Unidas. Su manifestación más clara del reconocimiento de la importancia del individuo y de sus derechos inalienables serían sus Pactos de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Ante la terrible fuerza moral y el tremendo poder renovador de esos documentos internacionales, algunos Estados miembros de la ONU, que en realidad no comulgan con pactos semejantes, maniobran entonces para aparentar aquiescencia mientras tratan desesperadamente de rehuirlos de todas las maneras posibles, entre las cuales figura no referirse a ellos para nada en el interior de sus países.

Esto ocurre sobre todo cuando los ciudadanos empiezan a exigir a sus gobiernos la adopción de tales pactos como forma auténtica de democracia participativa para sus pueblos. Y eso es precisamente lo que empezamos a ver en Cuba, miembro de la ONU y partícipe de su Consejo de Derechos Humanos de Ginebra.

Fuente: Primavera Digital