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El pragmatismo de Dilma Rousseff
2 de febrero de 2012
Las guerrillas han pasado de moda y se impone una visión más comercial del mundo. Aquella izquierda afiebrada y beligerante, utópica y humilde, ya encanecida y menos pobre, luego de algún tiempo ejerciendo el poder, hoy se abre paso con discursos más utilitarios. Es por ello que la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, no tenía nada que negociar con Las Damas de Blanco, con Yoani Sánchez, ni con el resto de la disidencia cubana. Ella fue a Cuba a asuntos de negocios y los empobrecidos opositores no son dueños ni de su propia libertad.
Manuel Vázquez Portal
 

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, concluyó su visita a La Habana luego de obsequiarle a Fidel Castro una caja de bombones, a lo que el viejo guerrillero respondió con dos tomos de su propia biografía, en homenaje a quien fuera una discípula graduada con honores.

En su juventud, la ex guerrillera hubiera devorado con fruición los libros de quien para entonces era su ídolo, pero de seguro, hoy los textos yacerán empolvándose en algún estante de la pragmática mujer de estado.

Las guerrillas han pasado de moda y se impone una visión más comercial del mundo. Aquella izquierda afiebrada y beligerante, utópica y humilde, ya encanecida y menos pobre, luego de algún tiempo ejerciendo el poder, hoy se abre paso con discursos más utilitarios.

Es por ello que la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, no tenía nada que negociar con Las Damas de Blanco, con Yoani Sánchez, ni con el resto de la disidencia cubana. Ella fue a Cuba a asuntos de negocios y los empobrecidos opositores no son dueños ni de su propia libertad, hecho que no atañe a los convenios comerciales.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, no tenía nada que negociar con empresarios cubanos porque allí existe un solo empresario: el régimen que encabeza el general Raúl Castro.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, no tenía nada que negociar con los agricultores cubanos porque, apenas recientemente, son usufructuarios de tierras plagadas de malas hierbas y abandono, y el marabú y las pobrezas no son rubros exportables.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, no tenía nada que negociar con los cuentapropistas porque forman parte de un incipiente capitalismo menesteroso que ella no tiene en cuenta ni en las propias favelas de los arrabales de Sao Paulo para negociar en serio.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, no tenía –ni por razones diplomáticas- que reunirse con la oposición porque, legalmente, en Cuba no existe oposición con posibilidades reales de acceder al poder por vías electorales ya que el único partido reconocido lleva más de medio siglo en el poder y aspira a una perpetuidad más allá de los tiempos, y sería un pérdida de tiempo mezclarse con gente sin perspectivas.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, está muy consciente de que su país, como economía continental emergente, requiere de una expansión que le permita competir ventajosamente con las potencias comerciales tradicionales y sobre todo con Estados Unidos que tan cerca está de la isla caribeña. Ella sabe que ha de adelantarse para cuando llegue la competencia que hoy impide el embargo económico de Washington sobre el régimen comunista, tener sentadas las bases y reducir la ventaja geopolítica que representaría Estados Unidos, y a eso fue a La Habana, independientemente de su filialidad ideológica con el castrismo.