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Argentina: ¿De la democracia al ``régimen´´?
21 de octubre de 2011
¿Qué es ``régimen´´, si no se habla evidentemente de régimen democrático? Es un gobierno tendencialmente autoritario que se ha independizado del escrutinio institucional, del de la sociedad civil y los medios, y hasta de ese examen periódico que son las urnas, dado que su triunfo aplastante en ellas es descontado y no tiene adversarios de peso (¡Tal como sucederá este domingo 23 de octubre en Argentina!). El régimen domina de manera completa a los otros poderes del Estado. Y no tiene alternativas o adversarios en las urnas. Porque de hecho ha clausurado la competencia electoral, sometiendo a la oposición y a los medios de comunicación independientes hasta un punto en que no pueden competir seriamente en las urnas o en la difusión de una información alternativa a la oficialista. Un caso arquetípico es, claro está, Hugo Chávez.
Pablo Díaz de Brito
@pablodb1
 

El domingo 16 de octubre pasado, Evo Morales hizo elegir mediante el voto popular, y entre 115 candidatos de su gusto, a la cúpula del Poder Judicial (los integrantes de los 4 principales tribunales del país, más sus suplentes). Aunque ganó cómodamente, ante el voto nulo que tanto había pedido la oposición, los postulantes igual obtuvieron sus cargos (como no habrá datos oficiales finales hasta fin de mes, sólo cabe confiarse de las proyecciones de los medios privados, entre ellos la agencia Fides que informó que el voto nulo superó el 40%, el blanco estuvo en torno al 20%, y los votos válidos oscilaron en el 30%). Los analistas independientes coincidieron en el diagnóstico: Evo ha perdido desde el "gasolinazo" de fin de año su aura de campeón invencible.

Pero el dato que acá interesa es otro: el avance del proyecto de Estado y de poder que diseñaron Evo y su partido MAS, formalizado en la Constitución de 2009, que habilitó, entre otras cosas, estas particulares elecciones de jueces superiores por el voto popular. Una disposición claramente antiliberal. El proyecto de Evo, el de una democracia "popular", "transformadora" y enemiga de la "oligarguía" dio otro paso adelante el domingo pasado. Puede decirse ya que en Bolivia existe un "régimen", mucho más que una democracia cabal, o sea multipartidista, con independencia de los poderes y alternancia de partidos en la guía del Ejecutivo.

El domingo próximo, en Argentina, se dará un fenómeno político y electoral particularísimo. Serán las elecciones presidenciales menos competitivas desde que regresó la democracia en 1983. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) se impondrá sin esfuerzos, y esto hasta tal punto que no tuvo necesidad de hacer una campaña electoral tradicional. Le bastó con inaugurar un par de fábricas, y de mandar a hacer proselitismo a su candidato a vice y actual ministro de Economía, Amado Boudou. Más que suficiente para vencer a una oposición que ya fue vencida y humillada en las primarias abiertas y obligatorias del 14 de agosto, cuando CFK logró 50,5% y los segundos, Eduardo Duhalde y Ricardo Alfonsín, apenas superaron el 12%. Al resto de candidatos les fue aún peor. Se prevé -o se teme- que CFK pueda incluso recabar aún más votos de diferencia, por el efecto del "voto a ganador". Siempre es lindo votar a ganador, y más si va a ganar por goleada. Como ya se ha dicho acá al comentar aquellas elecciones primarias, CFK dominará ampliamente ambas cámaras del Poder Legislativo y nadie desecha que impulse una reforma constitucional para eternizarse en el poder.

En cuanto al Poder Judicial, si antes del 14 de agosto ya había un generalizado sometimiento, bastó esa elección para que los jueces se mostraran aún más sensibles y sumisos al gobierno K. Y ya se ha dicho que ha construido en estos años una inmensa red de medios estatales y paraestatales que le son 100% fieles. Esa red seguramente se extenderá y potenciará luego del domingo 23, dejando arrinconados a los cada vez más minoritarios medios independientes.

Por todo esto, lo que avanzará con CFK a partir de este domingo no sólo será otro período más de kirchnerismo, el tercero consecutivo desde 2003, sino la entrada de esta variante de peronismo que es el kirchnerismo en un "régimen". Ya no un mero "gobierno", ni siquiera un "gobierno fuerte, hegemónico, de poderes concentrados" como es hace tiempo. Será eso, claro, pero comenzará a ser algo más: un "régimen". Como Evo, como Chávez, como Correa.

Pero, ¿qué es "régimen", si no se habla evidentemente de régimen democrático? Es un gobierno tendencialmente autoritario que se ha independizado del escrutinio institucional, del de la sociedad civil y los medios, y hasta de ese examen periódico que son las urnas, dado que su triunfo aplastante en ellas es descontado y no tiene adversarios de peso (¡Tal como sucederá este domingo 23 de octubre en Argentina!). El régimen domina de manera completa a los otros poderes del Estado. Y no tiene alternativas o adversarios en las urnas, como dijimos recién. Porque de hecho ha clausurado la competencia electoral, sometiendo a la oposición y a los medios de comunicación independientes hasta un punto en que no pueden competir seriamente en las urnas o en la difusión de una información alternativa a la oficialista. Un caso arquetípico es, claro está, Hugo Chávez. Evo Morales, como se dijo, ya tiene su régimen, pero todavía le faltan algunos escalones para llegar a ese grado de dominio que ostenta Chávez. Más o menos lo mismo vale para Correa y Daniel Ortega.

CFK, con las diferencias y matices propios de la sociedad argentina, más compleja y con mayores rasgos de modernidad que las otras, también está en proceso de construcción de su régimen, y esto se hará más explícito luego del domingo electoral.

Pero veamos un poco más la historia y acepción del término "régimen". Pensando en Berlusconi, el analista italiano Cesare G. De Michelis comentaba ya en 2004 que el "sistema político de Berlusconi se presenta como una forma de gobierno tendencialmente autoritaria bajo las vestiduras democráticas".  Y cita un panfleto del siglo XIX que hace hablar a Maquiavelo y Montesquieu desde el otro mundo para criticar y caracterizar al régimen de Napoleón III. Es este un "modelo maquiavélico-bonapartista", que inspiraría a Berlusconi, según De Michelis. Como el de Napoleón III, es un "régimen personal y autoritario basado sobre el directo consenso popular". Esto se dice pensando en Berlusconi, pero ¿no le cabe como anillo al dedo a CFK? ¿No es la "dueña exclusiva de los votos", como se escribió y destacó desde los despachos gubernamentales? Si algo ha intentado, y debe admitirse, logrado cabalmente CFK, es saltearse las mediaciones de la política democrática. Ella le habla, interpela y convoca de manera directa "al pueblo". Micrófono en mano y cámara encendida enfrente, la presidenta ha logrado, desde su viudez teatralizada con método y profesionalismo, enlazar directamente con el "pueblo argentino" y por lo tanto declararse dueña exclusiva de los más de 10 millones de votos que logró el 14 de agosto. Este dato le sirvió para terminar de disciplinar a los siempre revoltosos "barones" del Partido Justicialista. Desde ese día, no vuela una mosca en el PJ.

Así que el "modelo maquiavélico-bonapartista" se le aplica a la perfección a la viuda de Néstor Kirchner y no sólo a Berlusconi. El autor italiano se sorprende con los paralelos que encuentra entre el panfleto del 800 (Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu-Maurice Joly, Bruselas 1864) y la actualidad italiana. Podemos agregar nosotros: y la actualidad argentina y más en general, latinoamericana.

El plan que en ese texto decimonónico  expone Maquiavelo (pensando claramente Joly en Napoleón III) tiene los mismos pilares que el berlusconismo y que el kirchnerismo y el chavismo.

En el panfleto de Joly se los menciona: "el control de la prensa, también para sostener tesis aparentemente en desacuerdo con el Gobernante, de manera que se podrá hacer decir a la mayoría: ven que sí son libres, que bajo este régimen se puede hablar, que el régimen es atacado injustamente, y que, en lugar de reprimir, como podría, sufre y tolera; la voluntad de doblegar a la magistratura para que cumpla una función positiva para los ideales que animan a mi reino, excluyendo, eso sí, ‘las sutilezas propias del derecho constitucional’; y sobre todo, la ‘deriva plebiscitaria’ (‘Mi objetivo es representar al pueblo. Depositario de todos los poderes que El me ha delegado, solo yo, en definitiva, soy el verdadero representante’)”.

Volvamos a resaltar que todo esto está escrito pensando en el déspota Napoleón III, fundador del populismo moderno, y que es citado por De Michelis en 2004 para aplicarlo a Berlusconi. Resulta clarísimo que podemos hacer una cita de una cita y aplicar estas caracterizaciones de Napoleón III a CFK, por no hablar de Chávez, a quien le cuadran como si hubieran sido escritas pensando en él, más que en el "pequeño Napoleón". Terminemos con una anotación deliciosa de De Michelis: cuenta que para las navidades del 93, Berlusconi hizo publicar una pequeña tirada de El Príncipe, de Maquiavelo, en una edición comentada por Napoleón I, el "grande". Se trataba de un texto apócrifo urdido por algún editor astuto del siglo XIX, pero a Berlusconi esa falsificación le gustó. Les regaló el libro a sus  amigos y futuros ministros.

Pablo Díaz de Brito es redactor especial de www.analisislatino.com