Artículos
 
La grave enfermedad de Chávez: que nadie se apresure a dar por muerto al chavismo
3 de julio de 2011
El discurso grabado de Chávez terminó con un inusitado período de silencio del Caudillo. Chávez dejó de lado durante 20 largos días a sus mayores amores: el micrófono y la cámara de TV. Hay que suponer que su grave enfermedad disminuirá aún más el activismo regional de Chávez. Sin embargo, no se puede descartar que la enfermedad "bendiga" electoralmente a Chávez y que este, si no se cura definitivamente, pueda designar a un heredero.
Pablo Díaz de Brito
@pablodb1
 

El 30 de junio por la noche, a 20 días de iniciado el misterio, Hugo Chávez lo develó: tengo cáncer, explicó en un mensaje grabado y enviado desde La Habana, donde está internado desde el 10 de junio. Chávez no dijo qué tipo de cáncer padece, ni qué grado de avance tiene el mal, pero sí dijo que debió operarse dos veces y que sigue los tratamientos prescriptos en estos casos. Aún se espera por un parte médico oficial. Chávez no dio tampoco fecha de su retorno. Seguirá mandando su país a distancia, caso único en el mundo.

Poco antes, el 28 de junio, había llegado una primera "prueba de vida", de estilo castro-soviético. Chávez apareció ese día en fotos y en un video oficial junto a su amigo Fidel. Para demostrar que era actual, se los veía a ambos leyendo un periódico del día. Los dos simulan leer el Granma, posando para los fotógrafos como modelos grotescos. Stalinismo de pura cepa en pleno siglo XXI.

En su discurso del 30 de junio a la noche, Chávez admitió, primero, lo único que se sabía hasta ese momento: que había sufrido un absceso pélvico. A ese mal se le sumó luego la aparición del tumor, "abscesado", según detalló el Comandante. Chávez recurrió en el mensaje a todo su repertorio más embotante de retórica gastada. Hizo elogios descomunales de Fidel. Este aparece en el relato chavista como quien detecta el mal, con dotes casi sobrenaturales. Luego es quien da la mala noticia del diagnóstico maligno al propio Chávez. Sería reidero, si no fuera grotesco. Chávez, ya oficialmente canceroso, se dice confiado en la victoria sobre el mal y se dirige a Su pueblo: "Quería hablarles desde este camino empinado por donde siento que voy saliendo de otro abismo, con el sol del amanecer que siento me ilumina. Creo que lo hemos logrado, gracias Dios mío". Aparece luego en su discurso, infalible, Bolívar, en ascenso al Chimborazo. Y termina con el "hasta la victoria siempre, venceremos!". Una pieza retórica que bien podría pertenecer a los años 40 o 50. Todo es anacrónico, hasta la imagen televisiva, muy deficiente, que parece salida de los primeros años 80. Minutos después, el que sale por cadena nacional es el vicepresidente, Elías Jaua, rodeado del gabinete. Anuncia una serie de manifestaciones en apoyo al presidente enfermo. Su debilidad es evidente, incluso en la exclamación revolucionaria final. Nadie debe dar un peso por Jaua si quedara solo al frente del Estado.

Aquí empieza a surgir la materia política de este enredo. Hoy, el punto clave es saber si lo que tiene Chávez es curable o no lo es. Es crudo plantearlo así, pero el propio Chávez, al construir un sistema caudillista monárquico, es el culpable de esta situación. Jaua es una figura débil: Chávez lo quiso débil. Que nadie haga sombra al Caudillo. Todo el sistema se centra en él. Aún internado en otro país no ha querido delegar el poder, como razonablemente hubiera hecho cualquier otro mandatario, incluso sin salir de su nación.

Los rumores y especulaciones de estas tres semanas se vieron ratificados. Se había dicho que a Chávez le pasaba algo grave. No había otra explicación posible a esta ausencia e internación suyas en Cuba.

Al oficial absceso pélvico se le sumó el tumor, presumiblemente también pélvico. Resulta realmente alucinante que el médico oficial de Chávez aún no haya dicho ni una palabra, ni dado un parte, y que las dos comunicaciones conocidas sean de dos legos (el propio Chávez, ahora, y antes su canciller Nicolás Maduro, quien informó lo del absceso). El apagón informativo llevó al líder opositor Henrique Capriles a decir que todo era una puesta en escena. Pero la suspensión, el miércoles, de una cumbre en Caracas de una nueva la entidad regional, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, indicaba que ocurría algo serio.

El discurso grabado de Chávez terminó con un inusitado período de silencio del Caudillo. Chávez dejó de lado durante 20 largos días a sus mayores amores: el micrófono y la cámara de TV. Nunca sufrieron sus seguidores de tal abstinencia oral de su líder, nunca el revolucionario de camisa roja se negó tanto tiempo a proveer al público de su verborragia incontenible y brutal, su marca de fábrica. Y ahora el Chávez que volvió al micrófono es otro: de rostro grave, leyó el mensaje, algo muy pocas veces visto. Estuvo siempre serio, sin improvisar ni bromear. Ni media sonrisa se le escapó durante el mensaje.

Un dato político importante: la enfermedad sorprende a Chávez y al bolivarianismo en un difícil momento. La opción de Ollanta Humala por Lula y su modelo de izquierda moderada y pro-mercado fue el último síntoma de esta floja situación del modelo bolivariano. En 2006 Ollanta se echó en brazos de Chávez, como se recordará...y se chamuscó, aunque no debe olvidarse que igual pasó a la segunda vuelta en la cual Alan García le ganó con esfuerzo. Chávez hacía por esa época vociferantes giras regionales, reclutaba aliados y financiaba "organizaciones sociales" en toda América latina. Estaba en su cénit, con Evo Morales como fiel portaestandarte. Hoy sigue con esas actividades intrusivas, pero ya no es lo mismo: la maquinaria se ha agrietado, al mismo ritmo que su líder perdía atractivo interno y mucho más externo. Hay que suponer que su grave enfermedad disminuirá aún más el activismo regional de Chávez.

La enfermedad toma a Chávez con su modelo de autoritarismo populista y frontalmente antimercado en su peor momento desde la crisis de 2002, cuando la oposición optó por la mala praxis del golpe cuartelero. Como se recordará, Chávez volvió del secuestro como un Ave Fénix caribeño, reforzado y con la oposición dañada en la línea de flotación. Esta tardó años en recuperarse: recién se vieron signos ciertos de mejoría en las elecciones parlamentarias del año pasado. El desmanejo por parte de Chávez de los enormes recursos petroleros, aún con el barril por las nubes, junto a las masivas nacionalizaciones y la pésima gestión de la seguridad, de la inflación y de todo lo que sea de la órbita pública (elíjase el área que se desee: nada anda bien) llevaron al Socialismo del Siglo XXI a una rápida obsolescencia, a mostrar grietas y piezas oxidadas en lo que debía ser una maquinaria en su plenitud. En nada ayudó la creciente militarización de la sociedad, el seguimiento explícito del modelo castrista, que parece marcar, al contrario, la ruina de Chávez. Porque de ineficiencias, corrupción y mala gestión de los recursos del Estado se puede acusar a muchos gobiernos regionales, pero la pieza distintiva del chavismo es su profundización de la vía socialista-castrista a partir de la derrota opositora en el referendo revocatorio de 2004. Coincide esta elección estratégica del Comandante con el inicio del auge del precio del petróleo.

Coincidencia que tal vez no sea casualidad: es que la renta petrolera, la plata que llueve del Cielo, abrió la puerta a la tentación totalitaria. Es un mecanismo que se repite -en forma atenuada- en otros países de la región: si no hay que cuidar a la economía privada, se puede dar luz verde a los peores instintos. En otros países la renta de los commodities también ha dado lugar a procesos similares, pero muy moderados al lado de lo que ha hecho Chávez contra la economía privada y los derechos ciudadanos. Véase, por caso, a la Argentina kirchnerista, donde la renta que el Estado toma a los exportadores agrícolas sustenta sus proyectos más desmedidos y descomedidos (por estos días, CFK se lanzó a la reelección y se dio el gusto de confeccionar las listas de candidatos a legisladores de su propio partido como si fuera su propiedad exclusiva y no una organización de masas presuntamente democrática). Es el poder de la "caja", explican en la Argentina. Pero la viuda que reina en Buenos Aires es una demócrata escandinava al lado de lo que hace el chavismo en Venezuela. Por dar un solo ejemplo: mientras manda a la policía militar a entrar a sangre y fuego en la prisión de El Rodeo (¿dónde están las condenas de los organismos de DDHH regionales?) amenaza con quitar la inmunidad parlamentaria a los legisladores opositores que denuncian ese acto brutal. La amenaza va en serio, no es sólo palabrería. ¿Alguien se imagina a Dilma Rousseff, a Alan García, a CFK, perpetrando semejante amenaza? Y no es que los tres citados sean modelos de respeto republicano, ni mucho menos.

En la Venezuela chavista semejante atropello es cosa de rutina, se denuncia pero se toma como algo previsible, normal para la anomalía permanente que padece el país. "El modo en que Chávez y sus súbditos han abordado la última crisis penitenciaria es el mismo que han utilizado desde el inicio de su mandato para abordar todas sus faenas, eso es: a lo bestia", comentó el columnista venezolano Germán Cabrera en el diario Tal Cual. Comentario venezolano que exime al extranjero del prurito de la delicadeza para no herir susceptibilidades nacionales.

Otro signo de este declive chavista llegó el año pasado, cuando el régimen perdió las elecciones parlamentarias por 51% a 48%, aproximadamente. Y eso fue pese a tener la cancha totalmente inclinada a su favor por la obscena utilización de los fondos públicos en todas las modalidades propagandísticas y clientelares que se puedan imaginar, a lo que se deben sumar sus tropas de choque y las persecuciones penales de sus jueces amaestrados contra los opositores. Con todas esas violaciones flagrantes de las buenas normas de la competencia electoral, y antes de que empeorara aún más la crisis energética, Chávez perdió.

El último estudio de la consultora Datanálisis, conocido a inicios de junio, indica empero un global de 49% a favor de Chávez y un 46% en contra. Aún así, "Chávez ha perdido conexión popular", dictaminó el experto Luis Vicente León al presentar el sondeo. Habrá que ver cómo repercute la nueva enfermedad en el apoyo popular. Es casi seguro que lo beneficiará. Conviene destacar que el estudio de Datanálisis le da buenos puntajes a Chávez en educación, agua potable y en las "misiones", o sea, en la tarea de proveer servicios públicos básicos a la población. ¿Será una lección aprendida en la región, esta de que los populismos vienen a hacer (mal) lo que los demócratas olvidan hacer, y de que no es necesario ser de izquierda para promover seriamente el acceso a bienes públicos básicos de todos los ciudadanos?

El hecho es que Chávez, ya antes de su súbita enfermedad en Cuba, afrontaba un panorama difícil para buscar en 2012 su cuarto período presidencial consecutivo (sic), que lo dejaría al mando hasta 2019 (sic).

Ahora, con la enfermedad del Líder dramáticamente ratificada por él mismo, muchos se preguntan por su sucesión. Antes de que Chávez oficialice su cáncer, su hermano Adán, gobernador del Estado de Barinas (prácticamente una propiedad privada de la familia Chávez) salió a dar dos advertencias dignas de escucharse: una, que la lucha armada no debe descartarse para sostener en 2012 al modelo bolivariano en el poder. O sea: si perdemos en las urnas, ahí están las armas, las milicias, las reservas, la Guardia Nacional, la DISIP, el terrorismo de Estado disfrazado de "defensa del gobierno popular" contra la reacción de la oligarquía y el "imperio".

Citemos in extenso al compañero Adán, que vale la pena: "Nuestro proceso bolivariano se inició por la vía electoral, y queremos seguir por allí, por una vía pacífica que permita construir el socialismo bolivariano. Pero, conscientes de los peligros que nos acechan y seguros de que el enemigo no descansa, no podemos olvidar otros métodos de lucha", advirtió. Añadió Adán que "sería imperdonable limitarse tan sólo a lo electoral y no ver otros métodos, incluso la lucha armada, para obtener el poder". ¿Está claro?

La oposición no tardó en contestarle que su hermano Hugo llegó por las urnas y que por las urnas se irá, pero también vio en la declaración una jugada en falso del hermano Adán: Ramón Aveledo, de la opositora MUD, le dijo que "cometió dos graves equivocaciones políticas. Una, interna, al atreverse a jugar a ser Raúl Castro de manera precipitada. Y otra, nacional, al reconocer con año y medio de anticipación la derrota electoral", de Chávez.

Efectivamente, hay que pensar que Adán tenía información directa de la salud de su hermano. Y se largó a "hacer de Raúl". Así que ha comenzado la lucha de sucesión al trono chavista en Caracas, y dentro de la familia reinante.

A estos extremos lleva el caudillismo latinoamericano. En Buenos Aires gobierna una viuda, que llegó a presidenta con el único mérito de ser la esposa del presidente anterior. En Caracas, donde Chávez instaló el caudillismo más rústico y brutal que se recuerde, su hermano comenzó rápidamente a perfilarse como sucesor. Habrá que estar atentos a la rentrée del Caudillo enfermo desde La Habana y a cómo sigue esta tragicomedia venezolana llamada chavismo. Una advertencia: en Argentina, cuando en octubre de 2010 murió de manera súbita el ex presidente Kirchner, muchos celebraron por lo bajo. Creyeron que el kirchnerismo se había terminado. Su viuda CFK se apresta a ser reelecta por márgenes abrumadoras el próximo octubre. Aunque son casos diferentes, dado que el kirchnerismo tenía a dos figuras fuertes y no a una, no se puede descartar que la enfermedad "bendiga" electoralmente a Chávez y que este, si no se cura definitivamente, pueda designar a un heredero. Que claramente no será el débil Jauad, sino, mucho más probablemente, Adán u otro integrante del clan familiar.

Pablo Díaz de Brito es analista de CADAL y redactor especial de www.analisislatino.com