Artículos
 
Bonafini, ejemplo extremo de la politización y la corrupción conceptual de los Derechos Humanos
15 de junio de 2011
Ciertamente, la solidaridad democrática internacional no ha sido una característica de las organizaciones locales de Derechos Humanos las que, al igual que el gobierno actual, han sido más amistosas con los dictadores que con los activistas democráticos que los padecen. Los organismos -y en especial Hebe de Bonafini- nunca compartieron el idealismo liberal progresista de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Gabriel C. Salvia
@GabrielSalvia
 

Por Gabriel C. Salvia (*)

BUENOS AIRES, jun 15 (DyN).- El episodio que tiene como protagonista a la Asociación Madres de Plaza de Mayo, a raíz de los manejos indebidos de sus fondos por parte de Sergio Schoklender, ofrece la oportunidad para ir a la cuestión de fondo y, más allá del reconocimiento a la valiente e influyente labor que realizaron durante la dictadura militar, plantearse si realmente esta emblemática organización y otras entidades tradicionales vinculadas a la defensa de los Derechos Humanos en la Argentina están haciendo una honesta defensa de los mismos.

Por ejemplo, ¿cuándo se ha escuchado a los "organismos" alzar la voz frente a los atropellos a las violaciones a los DD.HH. en países gobernados por regímenes que indudablemente son dictaduras? ¿Cuándo se los escuchó plantearle a un Presidente o al canciller argentino que en sus reuniones bilaterales le reclamen a los dictadores que los respeten? ¿Alguna vez han alzado su voz en las relaciones carnales del kirchnerismo con la dictadura fascista de China, el país que representa la mayor amenaza a la concepción universal de los Derechos Humanos? ¿Se manifestaron durante la visita oficial de Cristina Kirchner en noviembre de 2008 a los países de África del Norte, ante cuyos regímenes represivos se levantaron recientemente sus pueblos? ¿Acaso no consideraron una ofensa a la Memoria y a la lucha por los Derechos Humanos, el que Cristina Kirchner y el dictador libio Muamar Gadafi se hayan repartido elogios? Al parecer, los "organismos" han olvidado la solidaridad recibida por parte de funcionarios de gobiernos democráticos frente a los jerarcas de la dictadura militar, como fue el caso de la estadounidense Patricia Derian, condecorada por la propia Cristina Kirchner. Ciertamente, la solidaridad democrática internacional no ha sido una característica de las organizaciones locales de Derechos Humanos las que, al igual que el gobierno actual, han sido más amistosas con los dictadores que con los activistas democráticos que los padecen.

Pero sin dudas, el caso que ofrece mayor evidencia sobre la corrupción que se ha hecho del concepto de los Derechos Humanos y la falsa defensa de los mismos por parte del establishment de los "organismos", es la pública simpatía o el cómplice silencio frente a una dictadura tan impúdica como la cubana, que. además, ¡fue aliada de los militares argentinos! Por ejemplo, la entidad "sin fines de lucro" que preside Hebe de Bonafini publica en su sitio web: "Los últimos años, cada vez más, la actividad de las Madres es intensísima. Desde aquella primera mítica visita de Hebe a la Cuba de Fidel Castro, quien se declara amigo fiel y compañero, coronando el amor de nuestro pueblo hacia la Revolución". Y si bien son más que conocidos los frecuentes viajes de Hebe a la isla privada de libertad por los hermanos Castro, alojándose en las residencias de protocolo donde la dictadura recibe con todos los privilegios y "atenciones especiales" a sus cómplices del extranjero, la "moderada" Estela Barnes de Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo, también ha compartido el palco en desfiles junto al dictador Fidel Castro en Cuba y nunca se escuchó de su parte una condena pública al régimen represivo, denunciado reiteradamente por prestigiosas organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional. Incluso su hijo Remo, actual diputado nacional, presentó varios proyectos en el Congreso en defensa de la dictadura cubana, como "Declarar de interés de la H. Cámara el VII Encuentro Nacional del Movimiento de Amistad y Solidaridad con Cuba" que congrega a los grupos de choque vinculados a la embajada castrista en la Argentina.

Asimismo, el titular del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), Adolfo Pérez Esquivel es otro gran aliado local de la dictadura cubana, incluyendo la defensa que hizo su institución durante el tratamiento del Examen Periódico Universal de Cuba en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. ¿Es coherente que un Premio Nóbel de la Paz defienda a un régimen militar de más de medio siglo surgido de una revolución armada, donde todavía rige la pena de muerte e incluso se la aplica tras juicios sumarísimos por motivos políticos y delitos menores, cuya maquinaria represiva incluye además penas orwellianas como la "peligrosidad social pre-delictiva" y que en relación a la Argentina financió la violencia política de grupos guerrilleros y -por si todo este "pacifismo" fuera poco- apoyó la delirante acción bélica de Leopoldo Galtieri que dio inicio a la guerra de Malvinas? Por todo eso, no resulta extraño que la corrupción del concepto de Derechos Humanos abarque también al de la Memoria, excluyéndose de la misma la documentada complicidad del régimen de Fidel Castro con la dictadura militar argentina. ¿Cuál es el motivo por el cuál los referentes de los Derechos Humanos en la Argentina aún simpatizan con los socios de sus verdugos? ¡Hasta quienes se exiliaron en Cuba reconocen -por lo bajo- que entonces se los obligaba a ir a México para criticar a los militares argentinos!

No se advierte una evolución política de la mayoría de los referentes locales de los Derechos Humanos, a contramano de la sociedad argentina, que durante los años de plomo hizo del "no te metás" una cultura de complicidad con los militares y que luego, con el retorno de la democracia, el Informe de la CONADEP y toda la información que salió a la luz sobre las atrocidades cometidas durante la dictadura, no tiene dudas en lo nefasto que ha sido ese período y, salvo sectores muy minoritarios, repudia en forma generalizada al terrorismo de Estado. Ello se debe a que los Derechos Humanos, que eran considerados como "libertades burguesas" por la juventud maravillosa de los '70 -cuyos "ideales" los organismos todavía siguen reivindicando- fueron tomados como bandera para proteger a los perseguidos y detenidos ilegalmente durante la dictadura militar y luego, con el retorno a la democracia, para enjuiciar a los responsables del terrorismo de Estado. Pero los organismos -y en especial Hebe de Bonafini- nunca compartieron el idealismo liberal progresista de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo concepto han corrompido generando un daño en la cultura democrática argentina que no tiene precio y que ha encontrado en el kirchnerismo su mejor expresión política.

(*) GABRIEL C. SALVIA es director del Proyecto Puente Democrático.