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El racismo en Cuba: exonerando al único culpable
20 de mayo de 2011
(Puente Democrático, Argentina) - No es fortuito que los presos comunes en su mayor parte sean de la raza negra. Su escasa posibilidad de encontrar empleos bien remunerados, prácticamente los obliga a dedicarse a actividades fuera de la ley. Este punto es también tocado por Morales en su ensayo colgado en el internet. Pero la coherencia de su discurso se rompe a partir de las loas a la revolución socialista.
Jorge Olivera Castillo
@jorolicas
 

Las particularidades de la discriminación racial en Cuba, tienden a forjar argumentaciones que desvirtúan la esencia del problema. No son pocos los cubanos y extranjeros que niegan la existencia del rechazo social por el hecho de tener la piel más oscura, el pelo rizado y la nariz chata. Alegan el aumento de las parejas mixtas y la relativa visibilidad de negras y negros en algunas categorías laborales y políticas donde su presencia sigue siendo ínfima.

A modo de ejemplo habría que mencionar la ocupación de algunas plazas de importancia en las tiendas que operan en divisas y un discreto aumento en el ejercicio de responsabilidades políticas a nivel nacional.

Pero al analizar el contexto con un mayor grado de objetividad, se llega a la conclusión de que persiste el fenómeno segregacionista, al margen de ciertos esfuerzos que no llegan a materializarse en un verdadero avance en esta área.

El cliché de que el negro es un ser inferior, mal educado y propenso a perpetrar las peores acciones delincuenciales, se mantiene como un sello entre una parte significativa de la población. De ser ciertas tales acusaciones, sería oportuno buscar las causas y no fijarse en las consecuencias de una realidad que incidirá en el futuro de la nación, debido al extenso período en que han prevalecido.

Bajo el telón de decenas de soluciones sin resultados que merezcan un elogio, permanecen los gérmenes de un mal que el propio sistema reproduce.

El ocultamiento del tema durante años, dio paso a las actuales complicaciones, proporcionando los camuflajes tan necesarios para que los racistas hayan podido preservar su pensamiento y transmitirlo, abierta o sutilmente, a las nuevas generaciones.

Hace unos días el economista Esteban Morales, conocido por sus ensayos sobre el tema y por sus estrechas vinculaciones con el régimen cubano, ha vuelto a poner el dedo en la llaga, aunque soplando para evitar el calificativo de contrarrevolucionario.

Morales vuelve a repetir en su blog que los negros y mestizos “han sido siempre (….) históricamente, los de menor calificación, los más desfavorecidos en el plano laboral, ostentando los peores empleos, las más bajas remuneraciones salariales y las más bajas jubilaciones”.

Precisamente, esas desventajas comprobables desde la perspectiva de cualquier analista que se respete, son el caldo de cultivo para conductas transgresoras por parte de los afectados que en Cuba conforman más del 60 % de la población.

Incluso, dada la gravedad del asunto, el autor de las evaluaciones críticas, llega a pedir al gobierno la implementación de una especie de “ley de acción afirmativa” que garantice a este grupo social un igual acceso a los recursos y servicios como paliativo para estrechar los niveles de desigualdad acrecentados a partir de la década del 90 del XX, tras el cese de los subsidios provenientes del campo socialista.

No es fortuito que los presos comunes en su mayor parte sean de la raza negra. Su escasa posibilidad de encontrar empleos bien remunerados, prácticamente los obliga a dedicarse a actividades fuera de la ley. Este punto es también tocado por Morales en su ensayo colgado en el internet.

La coherencia de su discurso se rompe a partir de las loas a la revolución socialista. No tiene reparos en calificar de “extraordinariamente humanista” al proceso que rige los destinos de Cuba desde 1959, además de celebrar los esfuerzos del gobierno por proscribir el racismo y brindarle igualdad de oportunidades a los negros.

A estas glorificaciones, añade ataques a quienes defienden similares tesis, pero desde las filas de la disidencia interna. Sus duras críticas al exiliado negro Carlos Moore, que sí acusa al liderazgo cubano como responsable de los problemas raciales, podrían ser genuinos, pero sin embargo, dado el contexto en que se emiten, pierden el brillo de la originalidad.

En síntesis, es preciso valorar positivamente el documento escrito por Esteban Morales, siempre con la duda de que las diatribas contra Moore y los críticos independientes de este flagelo, sea una forma de protegerse ante la dictadura que exonera de culpabilidad siempre que aborda los complejos fenómenos sociales, de gran incidencia en la Isla, tales como el racismo y la corrupción.

Jorge Olivera Castillo es periodista independiente cubano, ex preso político (actualmente con licencia extra-penal) y autor del libro “Antes que amanezca y otros relatos”.