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La criminalización de la ayuda humanitaria en el Mediterráneo: ¿Prohibido salvar a las personas?
18 de julio de 2019
Tanto la convención internacional (SOLAS) de 1974 como la de 1979 (convención sobre la búsqueda y el rescate marítimo) evocan la obligación de los capitanes de socorrer a una persona en peligro en el mar y los Estados deben asegurar una asistencia personal. Entonces, resulta escandaloso considerar que la ayuda de los capitanes sea considerada como un crimen, e incluso vayan a la cárcel por este hecho.
Mäeliss Bodenan y Kim Radestock
 

El conflicto en Europa sobre la situación migratoria, en especial del rescate marítimo, resulta inquietante para el respeto de la dignidad humana y la solidaridad internacional.

Desde 2014, más de 12.000 personas murieron tratando de llegar a Europa desde Libia, un país en guerra civil, a través del Mar Mediterráneo. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados lo designa como “trayecto por mar más mortal del mundo”.

Con el hashtag #FreeCarola personas de todo el mundo se solidarizaron con la capitana alemana del barco “See-Watch-3” que fue detenida después de salvar a 40 refugiados libios de ahogarse. Las acusaciones: ayuda a la inmigración ilegal, violación de la legislación marítima y oposición a las autoridades. Carola Rackete será multada, y en el caso más grave, encarcelada por cinco años. El 18 de julio enfrentó otro interrogatorio durante cuatro horas y defendió su decisión de llevar a los refugiados al puerto de Lampedusa. Para algunos, la capitana es una heroína y para otros, sobre todo para las autoridades de Italia, una criminal. Ahora los fiscales italianos deciden si siguen investigando sobre las acusasiones y si por consiguiente llega a un juicio. Sea-Watch cree que no volverán a arrestar a la capitana, pero habrá que esperar probablemente unos meses hasta que los fiscales tengan la respuesta final. 

Lamentablemente, no fue un caso individual, pues en mayo pasado el capitán Claus-Peter Reisch fue condenado con una multa de 10.000 euros en Malta. Asimismo, Pia Klemp, capitana de “Juventa” y luego de Sea-Watch, y su equipo, todavía están esperando la acusación. El enjuiciamiento siciliano determinó la ayuda a la migración ilegal y confiscaron su barco de rescate “Juventa” en agosto 2017. Otro capitán alemán, Stefan Schmidt, fue acusado hace quince años y recién declarado inocente cinco años después.   

Que los activistas solamente quieren ayudar no importa. Y que simplemente respetan la ley que dice que hay que tratar de salvar a personas en peligro y llevarlas al puerto seguro más cercano tampoco. En vez de apoyar este acto humanitario, los activistas tienen que defenderse por entrar en aguas territoriales sin permiso, resistir contra un buque militar, tener un barco no registrado debidamente y ayudar activamente a la inmigración ilegal, entre otros.

Italia, con su política dirigida contra la migración, tomó medidas para asegurar la “seguridad del país”, según Matteo Salvini, el Vicepresidente y ministro del Interior de Italia. Están negociando con los guardacostas libios una colaboración más fuerte y cuentan con el apoyo de la Unión Europea (UE). Los guardacostas interceptan a los refugiados en el mar y los llevan de vuelta hacia Libia, donde los esperan abusos graves, tortura, hambre y esclavitud.

Además, tanto la comunidad internacional como las ONG denunciaron las decisiones de la Unión Europea, dejando en evidencia la falta de una política migratoria y su resistencia de permitir a los barcos humanitarios a desembarcar en las costas europeas. En efecto, Omer Shatz y Juan Banco, dos abogados, presentaron una denuncia a la Corte Penal Internacional acusando a la Unión Europea y sus Estados de crímenes contra la humanidad. Las torturas, los tratamientos inhumanos y los desplazamientos forzados que conocen los migrantes, son las consecuencias de la no ayuda de la UE. Parece que lo más importante para Bruselas es proteger las fronteras europeas y disuadir a las ONG de salvar a los migrantes huyendo de un conflicto armado como lo muestran perfectamente la operación “Mare Nostrum” y “Triton”.

Desde el punto de vista humanitario cabe preguntarse: ¿El control de las fronteras prevalece sobre la vida de las personas? Desde el principio de la crisis migratoria, o sea desde 2015, se nota un compromiso internacional para mejorar la situación, para llamar la atención europea sobre este problema mayor. Muchos actores de la sociedad civil y de organizaciones internacionales intentan alarmar sobre la situación y reclaman una política migratoria europea. De hecho, la situación es compleja y resulta esencial encontrar una solución a nivel europeo y no nacional.

La falta de política migratoria europea es la razón por la cual las ONG se encargan de salvar a los migrantes. Tanto la convención internacional (SOLAS) de 1974 como la de 1979 (convención sobre la búsqueda y el rescate marítimo) evocan la obligación de los capitanes de socorrer a una persona en peligro en el mar y los Estados deben asegurar una asistencia personal. Entonces, resulta escandaloso considerar que la ayuda de los capitanes sea considerada como un crimen, e incluso vayan a la cárcel por este hecho. En efecto, estas personas aplican solamente los valores europeos registrados en el Tratado de Maastricht. Carola Rackete no es una guerrera, sino una capitana que hizo su trabajo de ciudadana europea. No pretende oponerse al gobierno de Mateo Salvini, sino que espera que la UE cambie su política y se respeten los derechos humanos, la paz y las libertades.

Por consiguiente, la criminalización no es una solución a la crisis migratoria, sino la prueba de que la UE no se preocupa del problema y no quiere solucionarlo. La criminalización es una amenaza directa para la solidaridad y la fraternidad europea que se viene intentando construir desde el fin de la segunda guerra mundial. En efecto, parece que se están olvidando los valores fundamentales de la construcción europea y sancionando a los ciudadanos que actúan de acuerdo con los valores europeos. Es la razón por la cual reclamar una despenalización del rescate en el mar.

Finalmente, es esencial no olvidar la Historia. Durante muchos siglos, Europa fue una tierra de emigración y ahora se ha vuelto un continente de inmigración gracias a su progreso, basado en su unión política y económica y, sobre todo, gracias a sus valores y sus derechos humanos.