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El estado de los derechos humanos en Belarús
28 de julio de 2017
Desde 1994, quien se encuentra en el poder como presidente es Aleksandr Lukashenko. Ha tenido cinco mandatos presidenciales, valiéndose para ello de elecciones fraudulentas, el apoyo del presidente ruso Vladimir Putin. Lukashenko mantiene un férreo control sobre la oposición. No hay libertad de prensa y tampoco está permitida la libertad de asociación. Hay una fuerte represión hacia las personas pertenecientes a la comunidad LGBT.
Ariadna Hraste
@Arihraste
 

La república de Belarús es un Estado al este de Europa, ex – Unión Soviética, cuyo poder reside en las figuras del Presidente de la República, el Parlamento, el Gobierno, y los Tribunales. El Presidente es el jefe del Estado, mientras que el Parlamento es la Asamblea Nacional, su órgano legislativo. El Gobierno lo integran el poder ejecutivo, compuesto por el Consejo de Ministros, un órgano colegiado que dirige las instituciones gubernamentales y organizaciones estatales, como también los órganos ejecutivos y administrativos. Los Tribunales representan el poder judicial de Belarús, y son “independientes” de los otros dos poderes, aunque la práctica lo contradiga.

Desde 1994, quien se encuentra en el poder como presidente es Aleksandr Lukashenko, cuyo gobierno, además de tener tintes soviéticos y ser pro-ruso, ha sido calificado múltiples veces como un autoritarismo o dictadura, e incluso es llamado por varios como “El último dictador de Europa”.

Lukashenko no ha abandonado el poder desde su primera elección en 1994, y desde entonces ha tenido cinco mandatos presidenciales, valiéndose para ello de elecciones fraudulentas, el apoyo del presidente ruso Vladimir Putin, reformas electorales para ampliar su mandato y eliminar el límite de reelección (reformas que fueron denunciadas por fraude).

Lukashenko mantiene un férreo control sobre la oposición. Durante el largo de todo su mandato, ha logrado altos niveles de represión sobre esta y la prensa. Incluso han habido múltiples denuncias sobre desapariciones de personas que se manifiestan en contra del gobierno. Por esta razón, últimamente se han realizado numerosas protestas en la capital, Minsk, en las cuales se han arrestado a varios centenares de manifestantes.

Según datos brindados por Freedom House, Belarús tiene un índice de 6.5 de libertad, siendo 0 (cero) el más libre, y 7 (siete) el menos libre, por lo que es considerado un país no libre. Los líderes de la oposición son frecuentemente arrestados de manera arbitraria y por razones políticas.

No hay libertad de prensa. Por ley, desde el 2008 el gobierno tiene el monopolio de la información económica, política, y social. Los medios también son controlados por el Estado, no permitiendo opiniones opuestas o críticas. La censura abarca desde la prohibición de medios o activistas de expresarse, hasta el contenido publicado en internet.

No sólo hay opresión contra la oposición, sino que también hay hostigamiento a religiones distintas a la ortodoxa, la cual es la religión oficial del Estado, y con la cual el gobierno firmó un acuerdo para privilegiarla.

Tampoco está permitida la libertad de asociación. No hay sindicatos independientes; las protestas, incluso las que fueron “autorizadas”, son reprimidas; y hay un severo control a cualquier agrupación con intención de formarse.

El límite entre los poderes se ve diluido y el poder ejecutivo tiende a influenciar en todos los ámbitos, ya sea legislativo o judicial, por lo que los fallos de los tribunales no suelen estar aislados de instrucciones presidenciales.

Hay una fuerte represión hacia las personas pertenecientes a la comunidad LGBT+, registrándose incluso un homicidio en el 2014 por parte de un profesor. Estas personas se ven constantemente agredidas y discriminadas, no pueden hacer demostraciones públicas de afecto, rentar cuartos juntos, y no permiten que parejas del mismo sexo viajen al país.

Este es un pequeño esbozo de la situación actual de Belarús en materia de Derechos Humanos, y nos permite captar un pequeño atisbo de la opresión que se vive diariamente en aquella “Rusia blanca”.