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Inauguración biblioteca Laura Pollán
20 de marzo de 2017
Contiene libros sobre Cuba, Democracia, Derechos Humanos, Transiciones, Autoritarismo y Totalitarismo. El catálogo está disponible en internet y los ejemplares pueden ser consultados en la sede de CADAL con cita previa.

Con la presencia del escritor y ex preso político cubano Jorge Olivera Castillo, el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) inauguró en su sede una biblioteca especializada en Cuba y en temas sobre democracia, derechos humanos, transiciones, autoritarismo y totalitarismo.

Jorge Olivera Castillo en la sede de CADAL

La biblioteca lleva el nombre de Laura Pollán, una de las fundadoras de "Las Damas de Blanco", esposas, hermanas, madres e hijas de presos políticos cubanos detenidos en la ola represiva que se inició el 18 de marzo de 2003 y que se conoció como "La Primavera Negra de Cuba".

Laura Pollán

Pollán nació el 13 de febrero en Manzanillo, Cuba, y falleció el 14 de octubre de 2011 en La Habana. La causa de su muerte no está esclarecida, aunque el informe médico asegura que fue por insuficiencia respiratoria. A continuación se ofrece el capítulo dedicado a Laura Pollán en el libro de Erika Lüters Gamboa "Las Damas de Blanco: Las mujeres de los prisioneros de la primavera negra de Cuba" (CADAL, 2006).

Laura Pollán

Ricky es un gato siamés. Blacky no tiene pedigree, es un felino negro y callejero. Ambos son la compañía de Laura Pollán. Son quienes, sin hacer preguntas y entregando un cariño incondicional la han acompañado durante más de dos años de soledad. Son quienes la hacen reír y distraer la mente. Eran los consentidos inseparables de su esposo, Héctor Maseda Gutiérrez, detenido desde marzo de 2003 y condenado a 20 años de cárcel.

Pese al tiempo que ha transcurrido, Laura aún no puede encontrar justificación a la prisión de su esposo, quien a sus 62 años es uno de los de mayor edad actualmente encarcelado.

“Está condenado injustamente porque en ninguna parte del mundo se consideraría un delito pensar diferente al régimen gubernamental y expresarlo o tener una tendencia política diferente, porque desde que el mundo existe siempre ha habido seguidores y detractores”, intenta explicar.

Hasta antes de caer detenido, Héctor tenía una doble función como miembro fundador del Partido Liberal de Cuba, movimiento del cual es su presidente, y como periodista independiente.

Este ingeniero electrónico, con un pos grado especial en física nuclear tiene un amplio currículum. Ha presentado muchos trabajos y sus patentes son reconocidas. Además, es grado 33 de la masonería. Académico de número de la academia de altos estudios masónicos y director de la facultad de Filosofía y ciencias masónicas.

Laura resume: “Es un hombre de una moral intachable, un hombre muy serio; pero que piensa diferente al régimen”.

Sobre la vida y las circunstancias que llevaron a su marido a la cárcel indica que Héctor a los 16 años estuvo preso en la dictadura de Batista, pues con esa edad él ya pertenecía a las células del 26 de julio, partidarias de la revolución.

Apoyó a la revolución de Castro hasta el año 80. Incluso trabajaba en el Centro Nacional de Investigación.

Pero en esos años comenzó su desgracia.

“Perdió la militancia del partido porque se negó a asistir a los actos de repudio con que se hostigaba a los familiares de las personas que iban al Mariel (puente marítimo por el cual escaparon miles de cubanos hacia Estados Unidos). Él se negó a agredir a los demás y perdió su militancia”, recuerda su esposa.

A partir de esa fecha lo sacaron del trabajo. “Por poca confiabilidad política, no porque fuera un inepto. Incluso es investigador agregado y estaba haciendo su candidatura para el doctorado en ciencias”, dice Laura.

En Cuba para lograr un doctorado hay que seguir estudios de entre cuatro a cinco años. Todo aquello ya lo había conseguido Héctor. Sólo le restaba discutir su tesis, pero al quedar marginado del partido no se lo permitieron.

“Él no fue doctor, no por falta de conocimiento. Fue vetado y no pudo obtener el doctorado”, recalca Laura.

A partir de allí empieza en él un proceso que demoró varios años en madurar y darse cuenta de que lo que el país estaba viviendo no era por lo que él había luchado y trabajado tantos años”, relata.

A partir de 1989 se incorpora a grupos de derechos humanos. En el 92 comienza en el partido Solidaridad Democrática, donde estuvo hasta el 94. En esa fecha, “él funda con otros miembros el Partido Liberal y desde entonces está allí y mantiene su condición de liberal y en el juicio planteó que él había sido, era y seguiría siendo un liberal”, indica su esposa.

Luego consiguió un trabajo como ingeniero en Antillana de Acero pero tuvo problemas con su mamá, y él que es único hijo tuvo que pedir una licencia y perdió el trabajo.

El último tiempo antes de ser encarcelado se desempeñó durante dos años como electricista en el hospital comandante Miguel Fajardo como un simple obrero calificado. “Te van anulando hasta dejarte en la mínima expresión”, explica con mucho dolor Laura. Pero ese empleo tampoco le duró. En septiembre del 94, después de la crisis de los balseros, lo tuvieron detenido una semana, miembros de seguridad fueron al trabajo y le dijeron que él ya no podía seguir allí. Le dijeron que pidiera la baja, cosa a la que él se negó. Finalmente, lo dieron de baja. Sin razones, ni de trabajo ni políticas. “Ellos (la seguridad del Estado) nunca quieren reconocer que hay problemas políticos, le pusieron otras causas. Y dejó de trabajar hasta el momento de la prisión”.

Pero estos dos años no han sido del todo perdidos. Como pudo, haciendo como que redactaba cartas, Héctor escribió un libro que está listo para su publicación. Se trata de una selección de textos, dedicada a cuatro grandes figuras que han contribuido a la humanidad: Lincoln, Garibaldi, Pii Margal (civil que participa en la constitución española de 1869) y José de San Martín.

Y pese a su detención continúa escribiendo. Ahora está empeñado en sacar un segundo libro que ya tiene título: “Enterrados vivos”.

La primera parte de este libro ya está completa y fuera de la isla. De la segunda parte le falta la mitad.

Le preguntamos a Laura cómo es que logra sacar los escritos de prisión. Con su voz pausada y con un dejo de satisfacción nos explica que “yo nunca saqué nada. Por mediación de otras personas era que se iba sacando poquito a poquito. A veces me han traído una página, dos páginas, así. Yo lo hice llegar fuera de la isla. Ya lo puedo decir porque el material está a resguardo”, cuenta con mucha complicidad.

Laura es profesora graduada en español y literatura. Trabajó hasta mayo de 2004 porque no podía continuar sin desatender a su esposo.

Pero se nota que es su vocación, “si volviera a nacer y tuviera una nueva oportunidad volvería a ser profesora”, afirma.

“Los últimos años los trabajé en los cursos de superación integral para jóvenes, cursos que se abrieron hace tres años para los jóvenes que no estudiaban, no trabajaban, es un pre universitario”. Y como todo en Cuba, depende del estado. “Aquí no hay nada particular”, nos acota.

“Las últimas escuelas particulares que hubo fue cuando era una niña, hasta sexto grado, ya a partir de allí empezaron las secundarias estatales y nunca más ha habido escuelas particulares”, especifica ante nuestra incredulidad.

Laura, de 57 años, comparte su vida con Héctor desde hace 14. Ambos tienen hijos por separado.

El dolor más grande para ella es que su esposo está “plantado”, es decir, ha renunciado a las visitas, familiar y conyugal y a parte de su alimentación como forma de protestar por el trato que recibe en prisión.

Después de recorrer muchas cárceles, al momento de esta entrevista, Héctor permanece en la provincial de jóvenes, conocida allá como el Pre. Pero primero estuvo en Villa Clara, en Manacas y en La Pendiente.

“Lo tienen en un régimen de cárcel con mucho rigor. En el Pre está en un área nueva recién construida, se llama Área especial de seguridad incrementada”, explica Laura.

Debido a la simbólica protesta, Laura no lo ve desde agosto de 2004. “Hace 9 meses que no lo veo. Hablamos por teléfono desde noviembre, pero hubo una etapa en la que no hablamos y fue muy, muy duro”.

Lo que impedía la comunicación fue una jugada maestra de la seguridad, ya que los llamados al principio los tenía programados para los días miércoles de cada semana. Luego le cambiaron la fecha para los domingos. ¿Simple coincidencia? Obviamente, no.

Con el cambio de día, se impedía que Laura asistiera a la iglesia de Santa Rita, a realizar su protesta como Dama de Blanco.

“Héctor se enteró y dijo no. Me pidió que, aunque no habláramos, yo fuera allí. Me animó porque me dijo que esa era mi forma de protestar y que él la respetaba y pensaba que presos anteriores no habían tenido la oportunidad de hablar. Que mi deber estaba en Santa Rita”.

Junto a Blacky y Ricky, también la acompaña su nieto de cuatro años que pasa con ella los fines de semana. Él es hijo de su única hija. Héctor, por su lado tiene cuatro hijos, tres en Cuba y una en Miami.

Sin embargo, Laura nunca está sola por completo. Su casa, en calle Neptuno, una de las más céntricas de La Habana, aunque humilde, sirve de refugio a las Damas de Blanco que llegan de provincia.

“Tengo una casa amplia, está a medio terminar y es muy vieja, pero tiene espacio para recibir a las esposas del interior cuando vienen paran aquí, me acompañan y tenemos intercambio de información para saber cómo están los del interior”.

Antes de que Héctor fuera apresado la estaban remozando. Y aunque no tiene jardín, cosa que ella añora porque le fascinan las plantas, se conforma.

Para sobrevivir cuenta con el apoyo de los masones. “En estos momentos los masones nos ayudan mucho, es una fraternidad que considera que Héctor es un hermano en desgracia y me traen alimentos y monetariamente también me ayudan. Masones de aquí y del exterior”.

Además cuenta con la ayuda de los “Plantados”, un grupo de ex presos políticos que reúnen dinero y se lo hacen llegar. “Se lo digo porque aquí no hay nada oculto, no es como el gobierno dice, que son mercenarios, son cubanos que están allá y nos ayudan”, remata Laura para desvirtuar todas aquellas versiones del régimen que los acusa de recibir dinero del “Imperio”.

Video Jorge Olivera Castillo

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